Con el acompañamiento de mi nueva (y valiente) psiquiatra, hoy dejo de tomar litio tras 18 años y pico y +50kg de litio metido en mi cuerpo... El camino no ha sido fácil, pero he contado con una red de apoyo incondicional, esencial para sostenerme. En cualquier caso, mi valoración del proceso es positiva: me ha permitido recalcular mis prioridades vitales y ha sido enriquecedor. No sé cómo sería hoy, ni dónde estaría si mi organismo no hubiera dicho "basta" en 2006, pero me siento muy bien conmigo misma ;-)
A partir de 2016 empecé a explorar vías alternativas para sentirme mejor y superar molestias que sentía, tras la negativa de mi psiquiatra de entonces a dejar de tomar litio, con argumentos que no me terminaban de convencer (soy investigadora y preguntona, así que no me sirve que me digan cualquier cosa, y menos "nadie se ha quejado de tus síntomas... será estrés ¿quieres que te recete algo para dormir?"...)
Me gustaría escribir algo, un poco más elaborado que este, este y este post sobre lo que he vivido estos años. Me servirá para documentar lo que recuerdo de lo vivido (que seguramente no será como lo viví, mi memoria me falla, pero hay momentos que no se me olvidan...). También me servirá para contar con otras miradas y voces que me habéis acompañado durante este tiempo. Y si sirve de inspiración a alguien, fantástico, aunque cada persona tenemos nuestro contexto, proceso, vivencias, circunstancias, necesidades...
Si te apetece compartir (con nombre o anónimamente) qué recuerdas de mi "hackeo", o qué recuerdas cuando te hablé sobre ello, y si supuso algo para ti, será fantástico contar con tu testimonio. Puedes dejar un comentario en este post o escribirme por correo electrónico. Si en el futuro escribo algo, antes de publicarlo, te lo pasaré para que me digas si quieres que lo incluya o no, con/sin tu nombre.
Un abrazo gigante e infinitas gracias por estar ahí!!!
De celebración, en modo currOcio - Elciego y Sierra de Cantabria al fondo, Rioja Alavesa
Ruta de las Esculturas y las cascadas de Bogarra. Foto: Aloña, 2024
Hoy cumplo 18 años de mi segunda vida.
Hace 18 años, mi cerebro hizo "crack".
Un cúmulo de factores, que venían desde ¿2004? (y una pizca de marihuana en un yogur para evitar que me doliera el pie < explicar esto da para otro post) hicieron que, en agosto de 2006, sufriera un brote psicótico, dos ingresos en la planta de psiquiatría del hospital de Cáceres y, posteriormente, dos años de vida "vegetativa-contemplativa" empastillada a tope.
No sé quién sería hoy, ni dónde estaría si no hubiera tenido aquella crisis vital a los 28 años. Probablemente mi escala de valores y mi actitud ante la vida serían otras. Estaría más metida en la rueda-productiva de hámster. O tal vez no... Nunca lo sabré. Pero le agradezco a la vida la segunda oportunidad que me dio para recalcular mi escala de valores, mis prioridades y, sobre todo, para (re)conocerme mejor!
Mi colapso mental se produjo la noche del 23 al 24 de agosto de 2006.En mi "delirio", una voz me iba diciendo qué tenía que ir haciendo. La petición principal que recuerdo: tenía que conseguir que todo el pueblo de Valencia de Alcántara cantara el día 24 de agosto, fiesta patronal, "Apareces tú", de La Oreja de Van Gogh, para salvar al mundo de la destrucción (¡toma ya!).
Tras dos ingresos en el hospital, un montón de medicación y dos años prácticamente "vegetando" arropada por mi familia, mis amistades (y Mimi), esenciales para mi recuperación, en 2008 una llamada por teléfono de mi director de tesis para invitarme a escribir un artículo científico, fue mi motivación para decidir que quería retomar mi actividad profesional y pedí a mi psiquiatra de Cáceres reducir poco a poco la medicación. Las 7 pastillas que llegué a tomar en 2007 de medicaciones varias, se quedaron en 2 pastillas de litio/plenur en 2009.
En septiembre de 2006, tras mi primer brote y salida del hospital escribí un post que cuatro años después (y tras un segundo brote aún peor) tuvo una segunda parte en 2010. Dos posts de cambio de rumbo vital. Afortunadamente, 18 años después, sigo dándole gracias a la vida cada mañana, por darme la oportunidad de respirar, de poder levantarme por mí misma de la cama, y por poder disfrutar de un nuevo día!
Al cumplirse una década de mi "hackeo" pregunté a mi psiquiatra de Vitoria por la posibilidad de retirar el litio. Notaba molestias corporales (dificultades para dormir debido a hormigueos, palpitaciones por el cuerpo, dolores musculares en brazos, incremento de peso, hipersensibilidad a ruidos, luces, olores...) que yo achacaba al stress, pero también a la toma de litio. Mi psiquiatra-biologicista no me recomendó dejar de tomarlo. "Las recaídas son peores". Esa frase-sentencia, me asustó. He tenido una recaída y estar en el hospital en las condiciones en las que estuve, no se lo recomiendo a nadie (<< esto da para varios posts propositivos para pensar alternativas más dignas de cuidados, que atar a la gente a la cama o super empastillarla para que no moleste).
Mi psiquiatra me decía que otros pacientes no manifestaban esos malestares (en general la gente toma más de 2 pastillas y más medicaciones que el plenur-litio, y presiento que ni sienten ni padecen...). Me decía que dejara de pensar en mis molestias y que se me pasarían. Que mi problema era que no tenía conciencia de enfermedad y por eso pensaba en retirar el litio... De manera que, viendo que por ahí no tenía posibilidades de dar respuesta a mis malestares, decidí abrir otras vías de exploración. Por deformación profesional, soy investigadora y me gusta leer, conocer y tener diversos puntos de vista, tener más ingredientes de análisis y luego, si puedo, cocinarme mi propio guiso.
Estas son, resumidamente, las ventanas que he ido abriendo desde 2016 que me han permitido conocer teorías, prácticas y personas que me han permitido mejorar mi conocimiento sobre mí misma (no he venido al mundo con libro de instrucciones, y aunque lo tuviera, seguramente no lo leería, soy más de ensayo-error ;-). Está claro que hacer este viaje no es fácil. Nuestros recursos son limitados, nuestra necesidad de conocer, aprender, cambiar, evolucionar es diferente; y cada persona priorizamos nuestras necesidades y recursos como podemos en cada momento. ¡Y está muy bien!
Ruta por la medicina convencional:
Psiquiatra-biologicista: puntualmente eficiente para seguimiento de analíticas y preocupada por mis bajos niveles de litio, con intención de subirme la dosis (a lo que yo no estaba dispuesta). Podía recetarme ansiolíticos para relajarme y dormir bien (¡no gracias!). Sin mucha gracia que me acompañara una amiga a la consulta porque puede dejar de ser mi amiga en el futuro...
Neuróloga: Me dio varios golpecitos y me dijo que estaba estupenda. Tecnología neurológica de última generación!! Me dijo que si se me dormía un brazo durante tres días, que entonces fuera.
Médica de cabecera: Realizadas todas las pruebas posibles desde lo que la medicina convencional puede aportar.
Diagnóstico: Posible hipersensibilidad química múltiple (intolerancia a químicos, alimentos…)
Proceso de trabajo personal:
Teoría U de Otto Scharmer (gracias a Txus Imaz): inspiración emergente desde la calma "vida nutriente y nómada".
Lo habitual es creer y confiar en profesionales, sin cuestionar lo que nos dicen, porque para eso "prescriben", no "recomiendan, proponen, sugieren". Pero, en mi caso, no conseguía comprender por qué había tanta resistencia a que dejara de tomar litio. ¿Por qué no era posible ver qué pasaba sin tomarlo, y si no va bien la cosa, restablecer el tratamiento? Eso sí, si hubiera querido ser madre, mi psiquiatra biologicista, me habría cambiado el litio por otro tratamiento...
Me ha sonreído el espejo hoy, me he decidido a levantar la voz. Me he despedido a mis fantasmas hoy y me he gustado tal y como soy,
A finales de julio de 2024 tenía cita con mi psiquiatra. No recordaba que tenía una nueva. Y pensé que sería una consulta rutinaria de esas en las que, a veces, tienes la sensación de perder el tiempo. Me escuchó con mucha atención mi relato resumido, haciéndome preguntas para asegurarse de comprender bien lo que le contaba, mirándome a los ojos. Y al terminar, le dije algo así "a tus compañeras anteriores les he preguntado desde 2016 si podía dejar de tomar litio. En ambos casos me han dicho que no conviene, así que no sé si ahorrarme la pregunta". Me miró a los ojos y me dijo que si esa era mi decisión, que estaba dispuesta a acompañarme en mi proceso haciéndome seguimiento telefónico y presencial para ver cómo me encontraba durante la retirada paulatina. Y si noto que no me encuentro bien, volver a tomarlo.
No me podía creer lo que estaba escuchando. Alguien que no me conoce de nada, en la primera cita, tras escucharme, se atreve a dar ese paso que para otras compañeras era algo imposible. Aluciné con su valentía y con su confianza en mí, en mi relato, y en mi proceso de autoconocimiento. Le pregunté si conocía otros casos de personas con trastorno bipolar que hubieran retirado el litio. Su respuesta fue que, según mi relato, mi evolución y mis antecedentes, mi diagnóstico/etiqueta de trastorno bipolar no le encajaba. Si su hipótesis (y también la mía, pero a la que renuncié reivindicar, porque si no mi psiqui-biologicista me decía que no tienes "conciencia de enfermedad") se confirma, habré estado medicada (por si acaso) con una medicación que no es necesaria. Lo sabremos si cuando retiremos el litio, me sigo encontrando bien al cabo del tiempo...
A veces la ignorancia es mejor que saber mucho de un tema (sobre todo de salud, de política, de economía...). Pero hay personas y momentos en los que necesitamos conocer(nos) para encontrarnos mejor y para encajar o desencajar piezas:
En los sujetos sanos que no toman litio, las concentraciones en sangre son tan bajas que prácticamente están libres de efectos psicotrópicos, sin embargo, al administrarles litio a estos sujetos sanos, se ha informado de un estado disfórico subjetivo, indiferencia, astenia, ligero deterioro de la función mnésica global e hiporeactividad al ambiente y por último alteraciones neurofisiológicas en el electroencefalograma. Lamentablemente aún no se cuenta en el medio psiquiátrico con predíctores clínicos, bioquímicos o funcionales que puedan utilizarse como ayuda en el diagnóstico de la depresión y por ahora, la herramienta más útil y vigente que tenemos a la mano sigue siendo la clínica. Fuente: Morla, 2003
Mi psiquiatra biologicista seguramente no se leyó este artículo científico. Yo sí, allá por 2016 cuando comencé con el proceso de Teoría U aplicada al cambio personal. Y mis síntomas encajaban con mis molestias y malestares. Ella tampoco se molestó en indagar. "Ansiolítico para que puedas dormir" y listo. Casi siempre... ¡¡hay alternativas!! Solo hay que tener tiempo, ganas, dinero, deseo de cambio para explorarlas.
Y yo solo quiero entregarme comprenderte y cuidarte darte mi corazón. Quiero que llegues a ser mi alma y mi intención mi vida y mi pasión mi historia de amor.
Todas las personas sufrimos crisis vitales. A todas las personas la medicación nos puede venir bien (durante un tiempo). Todas las personas necesitamos contar con personas de confianza con las que sacar los nudos que llevamos dentro.
Lo que no me parece justo es que nos "cronifiquen" los malestares y las enfermedades porque hay una farmafia que hace su negocio cronificando las etiquetas asignadas con tratamientos varios que, por un lado "curan" o "estabilizan enfermedades", y por otro lado, con sus efectos secundarios, te fastidian otros órganos (para los cuales también hay trata.mientos, que realimentan en bucl€...). Lo que cada vez se cuestiona más es que nos parcheen con respuestas individuales (medicalización, terapias...) problemas que son estructurales (malestares organizacionales, inseguridad laboral, pobreza, violencia de género...). Los síntomas y las crisis, son íntimas y políticas (entramos en crisis con TODA nuestra historia, no solo por desajustes biológicos: qué cambios son necesarios a nivel personal y estructural para lograr bienestares y bienseres). Las personas evolucionamos y cambiamos cuando llegamos a nuestro nivel máximo de tolerancia al sufrimiento. En cada persona, este nivel es uno. En mi caso, mi tolerancia al sufrimiento innecesario, cada vez es menor...
Es importante cuestionar lo que damos por sentado, por seguro, por inamovible. Lo que ayer funcionó o era, hoy puede que no. ¡Todo cambia!¿Cómo es que los diagnósticos/etiquetas sean para toda la vida? ¿Qué intereses prevalecen en este determinismo? ¿Tal vez los intereses farmafiacéuticos?
Desde el 11 de diciembre de 2006 al 24 agosto de 2024 (6,466 días) he tomado aproximadamente 12,932 pastillas, en 129 botes. Me he metido al cuerpo 51.972.800 miligramos de carbonato de litio (cada pastilla tiene 400mg). En kilogramos, 51.9 kg¡¡Soy una batería con patas!! Puestas en línea recta, todas las pastillas que he tomado formarían una fila blanca redondeada de 1,5 kilómetros. (1,2 cm de diámetro cada una).
Tú entiendes mis silencios, solo tú me subes hasta el cielo, solo tú eres mi alma y mi inspiración.
18 años después, me canto "Apareces tú" a mí misma. Reaparezco y me agradezco cada día por el camino recorrido en el que sigo intentando aprender a no juzgar(me) ni a etiquetar a nadie. Las personas somos maravillosamente complejas y etiquetarnos nos reduce y nos hace pequeñas.
Doy gracias a la vida por tener familias de sangre y de elección y amistades que me ha acompañado cada día, cada cual a su manera. Gracias también a gente nueva que habéis ido llegando a mi vida, desde 2006, que me habéis cuidado y acompañado en más o menos ratitos de vida. Sois muchas. No os menciono para no dejarme a nadie.
Si lees este texto y formas parte de mi vida, ¡infinitas gracias por estar ahí!
Si lees este texto sin más, ¡gracias por dedicar tu tiempo a leerme!
He celebrado mi 18 cumple en el mejor lugar posible: Albaola. Selma Huxley, que durante años investigó en diversos archivos del mundo, encontró el lugar donde estaba hundida la Nao San Juan, que se está reconstruyendo en la Faktoria Albaola. Cuando te hundes y tocas fondo, el proceso de reconstrucción es lento, pero ¡hay que intentarlo! Y si cuentas con una red de personas que te acompañan, es más fácil el camino!
La frase del título de este post es de Almudena Hernando. Me la descubrió mi amiga África hace menos de 4 años. En palabras de África "es una de las frases más profundas que he leído en mi vida".
Pues sí. Darle sentido a nuestras vidas, creo que solo es posible si sentimos nuestras propias vidas. Si somos conscientes del latido de nuestro corazón, si sentimos nuestro cuerpo, lo escuchamos, nos cuidamos... superamos las dificultades, tenemos ilusiones y proyectos que nos motivan a levantarnos cada día de la cama y, la salud nos acompaña.
Las expresiones más habituales últimamente son del estilo "no me da la vida", "no tengo vida"... En ese plan, sentir la vida tiene que ser bastante complicado.
Cada persona partimos de una herencia cultural y relacional de la que no somos conscientes hasta que interactuamos con otras personas de otras familias y vemos que hay maneras diversas de ser y de hacer las cosas. Por eso, una de mis grandes ideas para cambiar el mundo (transformándonos primero cada persona con nosotras mismas) es hacer "Erasmus Familiar" conociendo la realidad, las vivencias y la convivencia con otras familias.
A Bego le pedí que fuera mi ama de elección tras sorprenderme con su manera de ser espontánea, abierta, desenfadada, "con un par" de huevovarios que los tenía muy bien puestos. Una mujer siempre disponible a echar una mano, que se apuntaba a viajar a cualquier lugar y compartir las actividades que fueran, ya fuese subirse a un caballo o a una avioneta.
Hoy te has marchado, después de unos meses de sufrimiento, de lucha y de no encontrar salida a tu enfermedad. Deseo que estés en paz, libre de sufrimiento y de dolor.
¿Sabes? Te admiro antes de conocerte en persona. La primera vez que hablé con tu hija, ella hablaba de ti con profunda admiración. Y cuando te conocí entendí por qué. ¡Buah, chavala! Es que eres la Hostia! Ha sido un placer compartir ratitos de vida, viajes, paseos, conversaciones y risas contigo. Te he admirado en tu etapa vital funcional, siempre dispuesta a acompañar, cuidar, viajar, probar cosas nuevas. Y también he admirado tu fuerza, coraje y dignidad hasta el final. Has sido, eres y siempre serás un gran referente en mi vida. Maite zaitut! Goian bego, Bego!
Hoy es el día más triste de mi vida, pero te he prometido que volveremos a reír.
Qué relativo es el tiempo, ¿verdad? Hay personas que te conocemos desde hace más o menos tiempo. Desde que naciste, desde que fuiste al instituto o a la Universidad. Desde que viviste en Donosti, en Iruña, o en Gasteiz. De salidas al monte o en bici. Del trabajo, de la formación de autodefensa feminista, o del Máster de Igualdad. De editar en Wikipedia, de encuentros de saberes, o de verte un par de veces. En cada una de nosotras, has dejado una huella personal e intransferible.
Hace 4 años nos vimos por primera vez en el Centro Cívico Salburua. Eras la única de las convocadas al Encuentro que no conocía. Nos intercambiamos los correos. Llevabas poco tiempo en la ciudad y me pediste información. Comenzamos a escribirnos algunos mensajes. Y, poco a poco fue creciendo nuestra amistad.
Volviste a este Centro Cívico a escucharnos cantar, pero no pudiste entrar a esta sala porque la llenamos. ¡Te sorprendió que una coral pudiera atraer a tanta gente!
Hoy volvemos a llenar este lugar para recordarte. Queremos agradecerte el tiempo, las vivencias, las reflexiones que has compartido con cada una de las personas que estamos hoy aquí. Estás en nuestro corazón y en nuestro recuerdo cada vez que algo (una persona, una conversación, una canción, un libro, una risa, una injusticia, una fecha señalada en el calendario...), algo nos recuerda a ti.
Gracias por todo lo que hemos vivido contigo. Gracias por el enorme legado que nos dejas. Nos duele mucho que te hayas ido tan pronto. Y ahí estamos, en la montaña rusa emocional del duelo, tratando de aceptar lo sucedido. Recordarte, sentirte y hacer realidad tu deseo de relacionarnos desde el buen trato, con una misma y con las demás personas, creo que es la mejor manera de tenerte presente cada día de nuestras vidas.
Con todo nuestro cariño, este homenaje es para ti y para las personas que te AdMirAMOS.
En un lugar muy lejano había una pequeña laguna a la que se acercaban a beber los animales de la zona. Cierto día, bandadas de colibríes pararon a descansar y a hidratarse para continuar su largo viaje hacia el Sur. Se acercaron a la orilla y el agua comenzó a retroceder misteriosamente 10 centímetros (que en medida colibriana podría ser 2 metros para las personas humanas). Y al cabo de un minuto, otro retroceso. Se sorprendieron y se preguntaban qué pasaría, mientras miraban al agua. Uno de ellos, alzó la vista al horizonte y al otro lado de la laguna vio a un elefante con su larga trompa en el agua y a una manada de elefantes acercándose a beber.
—Creo que sé lo que está pasando —dijo al resto—. Si me lo permitís, voy volando a hablar con la manada para que nos dejen beber primero en calma y que luego continúen ellos.
—Pero, ¿crees que te escucharán? —respondió un joven colibrí.
—No lo sé, voy a intentarlo.
Llegó volando hasta la manada y suspendido en el aire dijo:
—Tenemos sed y al ir a beber, si bebéis al mismo tiempo, el agua retrocede muy rápido y nos resulta muy difícil beber así. Necesitamos tiempo para hidratarnos en calma. Os pedimos que nos dejéis beber primero y después continuéis a vuestro ritmo.
El elefante joven levantado la cabeza del agua dijo: —¿Pero quién eres tú para pedirme eso? Llevamos caminando tres días para llegar hasta aquí. Tenemos muchísima sed. Y... con un zumbido de mi trompa podría lanzarte al otro extremo de la laguna! Solo permitimos a nuestra elefanta mayor que beba la primera, porque es quien nos guía. Así que ¡buscaos la vida!
La sabia elefanta escuchó la conversación y dirigiéndose al joven, dijo: —Ay! ¡Cuánto tienes que aprender! ¿Has esperado tú a que yo bebiera? —El elefante joven agachó la cabeza avergonzado. Y la mayor, se dirigió a toda la manada. —En la naturaleza, todos los seres somos UNA familia. Todos nos aportamos y nos cuidamos. Si yo estoy aquí es gracias a un colibrí. ¿Recordáis que estuve atada a una estaca con una cadena desde que nací? Un colibrí logró que creyera en mí y me animó a usar mi fuerza auténtica para liberarme de la estaca. Por eso, hoy estáis aquí. Así que, dejad de beber ahora mismo y agradeced, ahora y siempre. ¡Claro que sí, colibríes, podéis beber primero!
Mientras, al otro lado de la laguna crecía la tensión al ver que el agua seguía retrocediendo porque el resto de elefantes habían empezado a beber mientras la vieja elefanta hablaba.
—No le van a escuchar. No le van a hacer caso. Nos vamos a quedar sin agua. Bebamos rápido antes de que la situación vaya a peor. —se decían—.
Uno de los colibríes más ancianos dijo: —¿recordáis aquel incendio que hubo en el bosque hace años?
Los colibríes alzaron el vuelo y, antes de continuar su viaje, en señal de agradecimiento a la manada que seguía bebiendo, ofrecieron en medio del agua un espectáculo de cantos y bailes como nunca antes se había visto ni se volvió a ver sobre la laguna.
Moraleja: Para sobrevivir hay que compartir (A.S.L.A.)
Dedicado a todas las personas elefantas-colibríes de mi vida, especialmente a las dos que me inspiraron este relato.
Hace 4 años reflexionaba sobre creencias, carrozas, magia e ilusiones durante la noche del 5 al 6 de enero en las creencias religiosas católicas, apostólicas y romanas...
Y estos días me acuerdo de una historia que siempre me ha contado mi abuela, tal vez cada año que he estado con ella, en estos días navideños. Tengo mala memoria (selectiva) pero hay historias que no se me olvidan, como esta:
Mi abuela Manoli y sus tres hermanas limpiaban los zapatos 👢👢👢👢 y su abuela materna (Manuela) les dejaba una naranja de regalo 🍊🍊🍊🍊
Creo que este relato siempre me ha hecho resituarme, recordar que soy una privilegiada y pasar de regalos consumistas...
El mejor regalazo: poder seguir compartiendo conversaciones, juegos, risas... con mi abu, hasta que la vida quiera!!
¡¡Feliz noche mágica, esta y las que están por venir!!
Para mí, (casi) todo es relativo. No hay (casi) nada absoluto.
El tiempo, es relativo. 3 años y un mes de amistad, pueden parecer una vida. 1 minuto corriendo, parecerme eterno. O, un mes de sufrimiento, una eternidad insoportable.
Los dolores, los miedos, los sufrimientos, las inseguridades, la vida, la muerte… son relativas. Para cada persona, en cada momento vital, pueden significar algo diferente.
No soy nadie para juzgar la manera de sentirse, de vivir, de relacionarse, de cuidar, de acompañar, de tomar decisiones, de morir… de nadie. Con conocerme y comprenderme a mí misma cada día algo mejor, y con centrar mi energía en aquello que creo que merece mi amor, mi tiempo y mi alegría, tengo más que suficiente.
Amarilla de mi vida, gracias por aparecer en mi vida y por todo lo que hemos compartido juntas durante estos 3 años.
Gracias por tu arquiternura emocional, por hacerme bucear en mi interior y por animarme a darle un sentido emocional y emocionante a mi vida, que me acompañarán siempre. Y, ha sido un placer acompañarte a ver la naturaleza y el mundo exterior con una mirada diferente y divergente…
Estarás en mí cada día, en mi manera de mirar, de sentir, de escuchar, de abrazar, de acariciar. Te tendré presente cada vez que me relacione con un ser: siempre desde el buen trato (por ahora sigo haciendo una excepción con los mosquitos).
El tiempo que me quede por esta tierra, trataré de practicar cada día la reciprocidad en mis relaciones. Para ti, “Harreman” (tomar y dar) siempre ha sido una preciosa palabra. En euskera, significa relación. Siempre deseabas que formara parte de tu manera de relacionarte con otras personas: tomar y dar, desde el respeto, desde el buen trato y de manera recíproca, sin que nadie esté sobre nadie, sino junto a, o con alguien...
Deseo que encuentres tu camino, libre al fin. Desde donde estés, Principita, ya nos iluminas con tu luz y nos irradias con tu energía. Eres una estrella, en alguna de las muchas familias de galaxias amorosas que nos protegen y nos guían. Hasta pronto, amarilla de mi vida!
“La vida a veces duele, a veces cansa, a veces hiere. No es perfecta, no es coherente, no es fácil, no es eterna; pero a pesar de todo, la vida es bella.”
El 1 de agosto, Luis Salgado me escribía por Facebook:
El 5 de septiembre a las 20:00 horas inauguramos una exposición en la sala Amárica en la cual participo. Somos varios ex alumnos de la escuela de artes y cada uno ha presentado un proyecto distinto. Mi proyecto se llama "MAMIA". Me encantaría que tú estuvieses allí y me dieses tu opinión. Imprescindible que tengas en el móvil un lector de códigos QR y que lleves unos auriculares. Prometo sorprenderte.
Y sí, me sorprendió. Conocía a Luis haciendo fotografías a las gentes de Kuartango. Después descubrí su proyecto Fenotipos y sus Dichógrafos populares. Pero desconocía su faceta poética, como escritor de sus emociones y pensamientos desde bien joven.
Muchas son las acepciones de la palabra “mamia”. Por un lado, como nombre, mamía es miga, pulpa, meollo, molledo. También cuajada o leche cuajada. En definitiva, podría definirse como esencia, sustancia, importancia, fundamento, virtud interior. Por otro lado, como adjetivo, viene a significar íntimo, querido, entrañable, así como fértil, fecundo, fructífero…
Desde un punto mucho más subjetivo, a mí me reconduce a otra palabra que marcó mi niñez y cuyo origen es totalmente distinto, pudiendo su significado englobar todos y cada uno de los conceptos enumerados anteriormente: “miajón”.
Miajón es la palabra que emplea el poeta extremeño Luis Chamizo en su obra “El Miajón de los Castúos” (1921) para definir la miga, la entraña, el jugo, el tuétano, la esencia y el carácter de la gente del pueblo.
En todo caso, ambas palabras, me llevan por un mismo camino a lo que para mí podría ser la esencia y la miga de una parte importante de mi mundo interior. Una de las personas que más me motiva y me mueve, que me hace crecer y cuestionarme: mi madre. Ella ha sido siempre una raíz importante, parte del alma que marca mi personalidad, ese mundo interior del cual surgen mis seguridades y mis miedos, mis motivaciones y, en consecuencia, también mis obras.
Así pues, con este proyecto, que consta de 10 fotografías y otros tantos textos, que apoyan y complementan a cada una de ellas, he querido hacer un homenaje y un reconocimiento a su personalidad y a su persona; a su historia personal y sus raíces; a su parte más humana y también a la más física, forjada por el tiempo y la experiencia. A ella personalmente y, en general, a la figura de la madre.
Luis Salgado
Un regalo recíproco: del concebido a la creadora y del creador de imágenes a la protagonista de las fotografías. "Tu vientre", "La siesta", "Raíces", "Tus manos" y así hasta diez regalos para la vista y los oídos que Luis nos fue explicando emocionado e ilusionado. Diez momentos en la historia de vida de una mujer que, como para tantas mujeres que nacieron en los años 30, no fue fácil, y menos para quienes vivían en el medio rural de Extremadura. Inevitablemente, las imágenes y las historias me recordaron a mi abuela Manoli, quien siempre me cuenta mil y una historias, algunas repetidas (para que me las grabe a fuego y no se me olviden) y otras nuevas que va recordando, o que considera que es hora de que salgan...
Pincha aquí para escuchar los 10 poemas que contextualizan las 10 imágenes seleccionadas en este trabajo, muy íntimo y personal, llamado MAMIA.
Hasta el 17 de noviembre de 2019, en la Sala Amárica, podéis ver MAMIA y 5 trabajos más de artistas que se han formado en la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria-Gasteiz.
Hasta que mi abuela Manoli vivió en su casa del campo (aprox 2004), los meses de verano los pasaba allí, en mitad de unos canchales, sin cobertura y hasta mediados de los ochenta sin luz, sin agua, sin baño, sin tele. Para mí ir allí era desconectar de la ciudad y conectar con la naturaleza, con mi lado más "silvestre". Era "un juego" divertido. Luego, regresaba a la "civilización" y durante las primeras semanas mi madre ponía carteles en casa con el texto "Hablar bajito" para que mi tono de voz se adaptara de nuevo a la vida en un piso. Este verano he descubierto que personas de, más o menos mi edad, han vivido hasta inicios del siglo XXI, en la península ibérica, sin luz, sin agua, sin gas, cada día. Para ellas no era nada divertido, al contrario: se cuestionaban por qué tenían que vivir en esas condiciones, cuando a escasos metros de su casa (en mitad de una finca), las personas tenían acceso a servicios esenciales (agua, saneamiento, energía...).
Recuerdo cómo mi abuela me contaba que mi abuelo y sus amigos cuando fumaban (tabaco de liar principalmente), apagaban muy, muy bien la colilla y la guardaban para que no hubiera incendios. El campo era su vida. Hoy en día, hay muchos intereses económicos en juego para que ardan los campos y, desde luego, son intereses que nunca tienen en cuenta a las personas que viven junto a las plantaciones de eucaliptos, pinos... o junto a los bosques quemados.
Campos alaveses
Recuerdo el olor de la sandía, que mi abuela con sus manos rompía junto a la esquina de la pared de la alberca y nos comíamos como si la corteza fuera un cuenco y la carne de la sandía el líquido rojo más preciado en una mañana calurosa de agosto. El olor, color y sabor de esas sandías no se me han olvidado nunca. Y, de vez en cuando, cuando como sandía, revivo esos momentos en el rincón paradisiaco lleno de vida, en la huerta de mi abuela.
Este agosto pensaba pasarlo tranquilamente en Vitoria-Gasteiz, sin salir más que los días de fiestas, que intento huir siempre que puedo... Sin embargo, fueron surgiendo varias propuestas viajeras a las que no pude resistirme: Alsacia y Selva Negra (tour en coche), Lusitania (tren hotel + coche), Las Merindades y Álava (furgo)...
Alsacia: arquitectura y viñedos
Disfruté muchísimo con la compañía y también con los lugares, los desconocidos, en los que estuve hace 20 años de Erasmus (sin tanta gente de turisteo), a los que intento regresar siempre que puedo, y esos espectaculares que tenemos al lado de casa pero desconocemos.
Uno de esos tantos lugares que me encantan para parar un rato y desconectar es la Taberna La Era. Cuando entras y descubres su Menú de VIDA... ya todo lo demás que te encuentras te hace sentir bien...
Y otro de los ingredientes a añadir para un menú de VIDA que nos siente bien, es hacer de cualquier lugar en el que nos encontramos un paraíso, para disfrutarlo con una misma y con las personas que nos enaMORAn cada día, por lo que son y por lo que nos hacen ser cuando estamos con ellas o las recordamos :-)
Y cada día, estemos donde estemos, un nuevo amanecer y atardecer nos esperan.
Aunque los atardeceres, mirando a Marvão, siguen siendo mis preferidos.
En mi vida (hasta hoy) he tenido momentos de subidones, de bajones, de reseteos y de estabilidad. Lo ideal sería estar "en equilibrio" y en armonía siempre. Seguramente me aburra con tanto equilibrio, pero en su búsqueda me encuentro...
Hace unas semanas, conversando con Blanka Gómez de Segura, una de las muchas grandes mujeres que conocí el año pasado, al hilo de un comentario sobre los elementos que nos motivan (a la acción, al cambio, al cuestionamiento de quiénes somos, qué queremos ser, qué deseamos en la vida), me puso un ejemplo que muchas criaturas de mi época leímos, vimos y escuchamos pero que, en aquellos momentos, son ejemplos que a veces pasan desapercibidos y, años después, funcionan como "clics" o "ajás!!" transformadores:
Dumbo* creía que su "clave" para volar era tener una pluma en la trompa. En lugar de pensar que es capaz de hacerlo (don, habilidad, competencia, talento...).
Me encanta el ejemplo de la pluma / placebo / motivación para salir hacia adelante! También me parecen esenciales las palabras como herramientas terapéuticas (Ver Paula Areso - FisioTEDrapia 2018). No solo las palabras, sino quiénes las dicen, en qué momento, con qué tono, con qué lenguaje verbal y no verbal.
En varias ocasiones me siento (con :-) pluma. Me siento pluma cuando, solo con mi presencia, hay gente que tiene confianza y se atreve a nadar, a utilizar el ordenador, a resetear un smartphone... Aunque no haga nada: el hecho de estar cerca es suficiente. Me siento pluma cuando hay veces que estoy junto a alguien haciendo algo que yo tampoco he hecho previamente. Pero el no tener miedo a intentarlo, el partir diciendo "no sé, vamos a intentarlo", o el transmitir seguridad y confianza, suele ayudar.
Intento evitar que me llamen experta y también tengo tendencia a evitar a quienes se autodefinen como tales... Prefiero la palabra "profesional in(ter)dependiente" como término para denominar a personas que ejercemos nuestra profesión / oficio de manera comprometida, aportando el mayor valor posible (según los recursos y las circunstancias del momento) que interactuamos con nuestro entorno (de quien dependemos y con quienes contribuímos).
En fin... el gran valor de las palabras y de sus múltiples significados... según quién las diga, en qué contexto, a quién, con qué tono... ¡¡Otro temazo!!
* Dumb en inglés significa mudo y tonto... Hay personas incapaces de gestionar la complejidad a quienes les encanta etiquetarlo todo... Esas personas suelen ser reacias a los cambios y suelen quedarse ancladas en creencias y en prejuicios. Mientras, otras muchas personas tratamos de superar dificultades, aprender, compartir y aspirar a maneras de relacionarnos y de vivir que nos aporten mayor felicidad con una misma y con las demás.
Como en años anteriores de mi ser interdependiente, aprovecho estos días de cierta calma para hacer un pequeño balance de un gran año. 2018 ha sido uno de esos años que, pese a mi mala memoria, será difícil olvidar en términos profesionales y de activismo / salseo. Un año con infinitos momentos, lugares y personas para recordar. ∞Este año mi dedicación principal ha sido el proyecto sobre participación política de las mujeres en los concejos alaveses. He disfrutado muchísimo descubriendo lugares increíbles y conociendo a personas fantásticas. Contar con Eva Martínez Hernández y con Miriam Ocio Saenz de Buruaga en el equipo ha sido esencial para centrarme y para aprender mucho con cada una.
∞Más de cuatro años… y sigo en el proyecto “Hezkidetza Esku Hartzen”. Delegando cada año más tareas en el resto del equipo. Uno de esos proyectos en los que sigues por las personas, no por lo estupendas que son tus tareas… ∞En mayo enredé a unas cuantas personas que me aportan un montón para que se conocieran entre ellas y descubrieran los proyectos en los que trabajan en el Encuentro de Conocimiento(s) para ser más Libre(s) que organizamos en el Centro Cívico de Salburua de Vitoria-Gasteiz.
∞En las Wikikedadas WikiEmakumeok hemos creado +163 nuevas biografías de mujeres en Wikipedia. En febrero organizamos una conferencia sobre Wikipedia y una Editatona LGTBI con la participación de María Sefidari y Patricia Horrillo. En octubre gracias al impulso de Aitor San Sebastián, el Encuentro anual de Wikimedia ES se celebró en Vitoria-Gasteiz. ∞También he logrado escribir algo más en mi blog este año (33 posts en 2018 // 22 posts en 2017 // 8 posts en 2016).
Hace cinco años que canto en Ahots-Argiak. Creo que es una de las mejores decisiones que tomé en 2013. En estos años he conocido gente estupenda y he aprendido muchas cosas, entre ellas, a respirar "con el estómago" y a "ahuecar" (impostar) para regular la voz, para que salga mejor y para no quedarnos afónicas.
Mamen Daubagna es nuestra directora, amiga, confidente, familia de elección y mucho más. Me levanto y me acuesto cada día escuchando sus grabaciones para que cuando lleguemos al ensayo podamos ir montando las distintas voces de manera más ágil. De escuchar a Mamen en solitario a montarlo con las compañeras y compañeros de otras cuerdas hay un trecho... Pero poco a poco, ensayo tras ensayo, prueba tras prueba... de no tener ni idea cómo suena una canción, somos capaces de sonar bien y que se nos ericen todos todos los pelos y la piel del cuerpo.
Normalmente escucho a Mamen, interiorizo lo que canta, pero no canto en voz alta. Eso de cantar en la ducha no va conmigo. No sé. Prefiero escuchar en silencio. Hace unas semanas nos propuso un reto. Mamen nos motiva con retos, más o menos complicados (para ella y para coralistas) y casi siempre estimulantes que nos van dando confianza, seguridad y nos hacen sentir genial cuando superamos ese reto... y ya está pensando en nuevos... Será por eso que aunque mi tiempo medio de estancia en un proyecto es de 3 años, con la coral siento que comenzamos un proyecto nuevo con cada reto musical que nos plantea nuestra dire.
Bueno, pues volviendo al reto. El reto consistía en cantar, emulando la versión de La Oreja de Van Gogh, una nana a capela. La letra completa de la nana se las trae... da para otro post con gafas lilas, en este me voy a centrar en lo que sentí ayer cuando la canté en voz alta delante de mis compañeras contraltos, sopranos y dos infiltrados.
Estuve escuchando y preparando la canción, como nos pidió Mamen. Estas semanas estoy a mil (aunque no lo parezca ya que estoy procrastinando dedicando tiempo a este post...) y el reto es chulo, pero mi tiempo de ensayo, limitado. Las compañeras sonaban todas geniales. Cada una dándole su toque personal (o lo que en ese momento les salía...) Hasta que Mamen no me pidió que cantara no me ofrecí voluntaria. Me levanté y básicamente, me dejé llevar. Saliera lo que saliera, iba a disfrutar con ese momento. Un momento para compartir, para sentir, para dejarme llevar. La sala de ensayo no es que tenga una acústica fantástica. Pero cuando cantaba, sentía su eco. Sentía la necesidad de alargar las palabras y el sonido para que perdurara y se impregnara en las paredes. Y con mis manos en los bolsillos de mis vaqueros y mis botas de monte cubiertas de barro, los últimos 8 segundos me sentí cual Maialen Lujanbio, con un subidón del copón, intentando alargar al máximo las últimas palabras y los últimos compases del "lo a... lo a... maaa sus taaaaaa".