Mi bisabuela solía contarnos muchos cuentos e historias que ella adaptaba. Tenía una memoria prodigiosa. Escuchaba a personas titiriteras contar cuentos y ella los interiorizaba y adaptaba para contárselos después a sus nietas/os y biznietos.
He recordado esta expresión "Pies ¿para qué os quiero" para titular este post que va sobre mi primera vez en un servicio de podología. Hace unos meses pasando por allí, pensé: sé que los pies son esenciales, pero ¿quién me ha enseñado a mí a cuidarme los pies? ¿dónde puedo encontrar información fiable sobre los cuidados de mis pies? Decidí pedir cita y dedicarme un rato de aprendizaje y autocuidado (que obviamente, me puedo permitir: privilegios) con una persona profesional (en vez de mirar en Youtube o en Tiktok).
He preguntado a Nerea, mi podóloga (he decidido visitarle una vez al año) un montón de cosas. Y ella me ha contado que su disciplina no está incorporada entre los equipos de profesionales sanitarios de la sanidad pública. Que hay un montón de especializaciones posibles, según dolencias, edades. Y que sería importante campañas de concienciación sobre la importancia de cuidar nuestros pies.
Dato impactante: El 85% de las amputaciones se podrían evitar con la Podología en la Sanidad Pública. Solo este indicador debería bastar para incorporar esta especialidad en los equipos de profesionales de la sanidad pública.
Higiene diaria: Lavar los pies con agua tibia y jabón, secándolos bien, especialmente entre los dedos.
Corte adecuado de uñas: Cortar las uñas rectas para evitar que se encarnen.
Hidratación: Usar cremas hidratantes específicas para los pies, evitando aplicarlas entre los dedos.
Calzado adecuado: Elegir zapatos que se ajusten bien al pie, con suficiente espacio para los dedos y un buen soporte en el arco.
Revisiones periódicas con un/a podólogo/a: Es recomendable acudir al podólogo/a al menos una vez al año para una revisión general, o con mayor frecuencia si se tienen problemas específicos.
Nerea me ha dicho que tengo muy bien los pies. Y que siga así... Ahora con más claves, trucos y más conciencia sobre la parte de nuestro cuerpo que nos conecta con el planeta. También me ha dicho que las personas que usamos zapatos y pisamos asfalto tenemos muchas dolencias en los pies que no tienen las personas que van descalzas. "Malestares capitalistas", para los que el mercado tiene siempre soluciones...
El 8 de octubre, desde 2018 se conmemora el Día Internacional de la Podología. Los pies, esa parte extrema de nuestro cuerpo tan esencial para sostenerlos, a la que, con frecuencia, no prestamos la atención que se merece. Está en nuestras manos cuidarlos mucho mejor :-)
Ayer, la coral Ahots-Argiak en la que canto desde 2013 celebró su 25 aniversario... cantando. Un espectáculo de música, vídeos, luces... y pocas palabras desde el escenario, porque cualquier cosa que se hubiera dicho, ¡se habría quedado corta!
El María de Maeztu del Palacio de Congresos de Vitoria-Gasteiz se llenó y las luces nos fueron acompañando por cada uno de los más de 50 fragmentos de temas cantados durante estos 25 años.
Confieso que hice playback en las canciones más fáciles, marcadas a fuego en mi cerebro que soy incapaz de adaptar a la voz de contralto (Willy Fog y La cucharacha). Y también, a ratos, en una canción que me encanta, pero soy incapaz de cantar en francés, como lo hacen Los chicos del coro.
Si tuviera que quedarme con una canción de todas ellas, creo que elegiría Gabriels Oboe. La sensación envolvente que me produce, ¡es única!
Gracias Mamen por estos 25 años siendo música y haciendo música con tus chicas y chicos del coro. Un placer formar parte de esta cuadrilla, aunque últimamente haga muchas piras... Para mí es terapéutico cantar... Y, dada mi memoria de pez, recordar las canciones que me aprendo, me produce una gran satisfacción ya que en el futuro, al menos podré cantarlas si mi cabeza se pierde, como les está pasando a mi abu o le pasó a una vecina, que ya no era capaz de articular palabra, pero cuando cantaba, pronunciaba las palabras de las canciones. La música le sienta bien a nuestros cerebros, ¡¡no hay duda!!
Aquí tenéis la grabación del concierto. Podéis disfrutarla a partir del minuto 4. Los vídeos que introdujeron e hicieron unas pausas que nos permitieron tomar aire y descansar, los idearon e interpretaron compañeras y compañeros del coro con mucho arte y humor. El montaje es profesional y se nota.
Hace un par de días vi en Twitter esta viñeta. Me pareció una manera sencilla y clara de mostrar lo que nos pasa a las personas cuando nos cargamos emocionalmente... y llega un punto que tras tanta acumulación, explotamos por algo que puede resultar minúsculo, pero para nosotras, resulta un abismo...
Creo que no exageramos (overreacting)...
... más bien acuMULAmos
cargas, tensiones, miedos, mochilas, traumas,
palabras, pensamientos, emociones no expresadas...
Hace unos días en Facebook vi una imagen y una publicación que me impactó de Marta Plaza Fernández, a quien sigo desde hace un tiempo en sus artículos, testimonios, reflexiones y propuestas para repensar nuestra salud mental, desde las personas, y no desde el lucro de las industrias farmacéuticas en los sistemas capitalistas y patriarcales.
Sanar es muy diferente a medicalizar nuestra salud (diagnosticar, etiquetar, medicar, cronificar)
Sanar lleva tiempo y requiere de muchas ganas:
* Sanar por dentro (autoconocimiento, gestión emocional...)
* Sanar por fuera (espacios, tiempos, relaciones sanas...)
Y siempre, con apoyo, amor, acompañamiento, que todo lo.cura. Sin avasallar, permitiéndonos ser como somos, con derecho a equivocarnos y a cambiar de opinión.
Desde el comienzo de la
cuarentena el 13 de
marzo (en Alicante) hasta el 16 de abril (en Gasteiz) no he podido querido escribir nada
en mi blog. Bueno, realmente, es el primer post que escribo en mi blog este
año. Necesitaba digerir lo que he estado viviendo estas últimas semanas.
He leído mucho, he escrito mails y telegrams, he hablado por teléfono y por
videoconferencia. He pasado por las diversas
fases de shock, no puede ser, esto es un montaje, sentir impotencia, aceptar la
situación y tratar de ver posibilidades que esta ventana inoportuna nos ofrece
para cambiar a nivel personal y colectivo.
Durante estos días, mis
rutinas de persona
privilegiada, que tiene una casa y recursos suficientes para permitirse el lujo de
quedarse en casa sin tener que ir físicamente a trabajar, han sido sencillas:
he intentado cuidarme:
físicamente:
dormir bien, alimentarme bien,
tomar el sol desde casa (no me gusta nada pero necesito vitamina D) y
hacer algo de ejercicio (audios de Feldenkreis, en Instagram con Dina o por Internet);
emocionalmente (intentando estar tranquila, no viendo la
televisión, incorporando humor del bueno y risas conmigo misma, familia y
amistades; viendo amanecer/atardecer, mirando al cielo; sembrando y
experimentando en mis macetas con el subidón que me produce ver cómo salen
unas calabazas, patatas, girasoles y algunas semillas más que ya no
recuerdo qué son; editando biografías de mujeres en Wikipedia,
descubriendo a sufragistas filipinas cañeras y a otras mujeres pioneras en
distintos ámbitos, ¡que es un chute de energía!
Ayer, 15 de abril, fue el día más
intenso, hasta el momento, de este tiempo en el que tengo el privilegio de vivir
confinada y clausurada entre las paredes de mi casa.
Desde la mañana, el día
prometía. Risas con la señorita De la Torre ante el mensaje
inspirador del día de Myriam Artola. Subidón con la
propuesta de Celia Heras de organizar un nuevo encuentro de saberes y sabores cuando podamos salir.
Primer día que decidía
ser “subversiva” e ir más allá de las tiendas de barrio de mi calle para
aventurarme a ir a un supermercado a por productos de primera necesidad (para
una persona privilegiada occidental).
Primer día que
contemplaba el cielo en 360º, las flores de los árboles, las plantas
exuberantes del camino. El olor de las lilas me teletransportó a la huerta de
mi abuela.
Primer día que sentía la
presión de mantener la distancia de seguridad en un super, en el que todo el
mundo, menos yo, iba con mascarilla. Me quedé con el mensaje de lavar bien las
manos, evitar el contacto con boca, nariz, ojos… y dejar el material de
protección para personas sanitarias y gente que realmente lo necesita. Y en
ello sigo hasta que me obliguen a lo contrario.
Primer día de
conversación cara a cara con una persona que ha perdido a su pareja estos
días, que ha sentido que ha muerto de pena y de tristeza al no ver a su familia
en la residencia durante más de dos semanas. Que no se ha ido en paz de este
mundo al no saber por qué no iban a visitarla... ¡Qué duro! ¡Qué inhumano!
Primer día de
conversación de más de una hora con una persona recién jubilada que ha
trabajado toda su vida en la sanidad pública… que estaba bastante impactada con
todo lo que está pasando, con la falta de previsión, con la falta de
información veraz, concreta, efectiva… frente a mensajes contradictorios,
bulos, ruido mediático… que generan schock, incertidumbre, cabreo, desasosiego,
intranquilidad…
Y primer día que sacaba dinero con un plástico de una máquina, privilegiada de mí, y meto la gamba en
el super al enseñar una tarjeta de puntos de la competencia. Creo que fue el
momento cómico de la mañana con las risas de la cajera y de la vigilante de
seguridad, quien, muy amable, me ayudó a organizar mi compra lo antes posible para
dejar sitio a la siguiente de la cola (a 2m de distancia). Les di las gracias y les dije que
llevaba un mes sin salir de mi barrio y que, además, los super me estresan y
prefiero comprar en el pequeño comercio…
Paro. Respiro… y regreso a mi
barrio actual, del barrio de toda la vida donde vivo estas primeras veces...
A las 14:00, uno de los
regalos más bonitos de estos días confinados: conocer a Manana, gracias a
Andone. Una mujer con 80 años que sigue dando clases de piano y estos días se
cita con su alumnado por videoconferencia. Conocer personas así, me pone, me da
vidilla, me muestra que hay infinitas maneras de ser y de hacer las cosas!!
Por la tarde, otro
auto-regalo: emocionarme mientras terminaba de montar un vídeo para el
cumpleaños de alguien muy especial en mi vida en los últimos años. Yo la llamo
“mi madre de elección”. Hay personas que nos vienen por defecto. Hay otras, que
las elegimos. Todas son importantes en nuestra vida. Me cuesta llorar. Me
cuesta emocionarme. Ayer, recordar momentos, viajes, risas con mi gran familia
(la de sangre y la elegida) lo consiguió.
Y el que yo pensaba que
sería el último regalo del día, fue ver a mi hermana de elección. Me encantó.
La vi radiante. No creo que nunca las pantallas ni la realidad virtual superen
a la realidad 3D en presencia cara a cara. Ayer, con ella, el lenguaje de las
miradas no me bastaba. Y, esto no se puede decir, pero nos besamos, abrazamos y achuchamos de
estrangis, yo por miedo a que alguna persona balconazi nos delatara o por miedo a que nos
multaran, no por temor a pillar un virus. Ella, sin miedo a la multa porque no estaba poniendo en peligro a nadie. Fue, hasta el momento, uno de los mayores placeres del confinamiento! Sé que el
distanciamiento social es necesario para evitar la propagación multiplicadora
del virus, al menos, eso nos están contando y yo (aún) me lo sigo creyendo...
Pero hace unos días me recordaban que cuando apareció el SIDA, al principio la
gente no se acercaba a otras personas por miedo a contagiarse y estas personas
vivieron estigmatizadas muchos años hasta que el tema se fue aclarando y se fue facilitando
información clara y precisa, que creo que nos sigue faltando con el COVID-19 (lo siento, me niego a
llamar a UN virus en femenino como dicen
la OMS y la RAEncia refiriéndose a LA enfermedad).
Antes o después, vamos a
morir. Quizás resulte muy bestia lo que voy a decir, en un momento en el que han
fallecido tantas personas por la pandemia COVID-19, pero, si pudiera elegir,
preferiría morir tras haberme llenado y manchado de abrazos y de besos
impregnados del virus del amor, del cariño, y de la humanidad, que vivir
púlcramente protegida para no contaminarme con el miedo, la incertidumbre y el
temor constante a contagiarme. Nunca sabremos cuántas personas están muriendo
de tristeza, pena, soledad por no poder tener compañía…
Mi
pronóstico hasta el momento:
Pulcritud 1 - 0 Cariño
Protocolos 1 - 0
Humanidad
Y como comenzó mi día de
ayer, voy acabando.
Estoy hasta el TOTO:
De
políticxs que hablan de guerra, toman decisiones militarizantes, no son
capaces de ir todxs a UNA (hacer POLÍTICA, en lugar de partidismo)
para dar respuestas ágiles, creativas, resolutivas a esta emergencia
sanitaria y, yendo más al origen del problema, de emergencia climática.
Generan más problemas que respuestas, nos mantienen en la incertidumbre. Así NO! No tiene ningún sentido, a menos que
estén representando papeles impuestos por las siguientes de la lista (que no pagan, ni de lejos, los impuestos que debieran…)
De las
grandes empresas y de las del IBEX, la banca, las empresas de recursos
públicos privatizados y de las grandes fortunas familiares que, desde el
desarrollismo franquista, se lucran caiga quien caiga
De
medios de comunicación carroñeros e irresponsables que en lugar de
difundir información precisa, útil, esperanzadora… infunden miedo e
incertidumbre con informaciones contradictorias
De
personas que usan recursos que no necesitan, quizás no sepan ponerlos ni
quitárselos con seguridad pero sí saben tirarlos al suelo. Véase, en este
contexto, guantes y mascarillas.
Pido PERDÓN A:
Las
personas a las que no les llegan los recursos necesarios para vivir con
dignidad por el egoísmo de quienes vivimos con privilegios y la ausente
justicia social redistributiva
Las
personas que se están sintiendo solas, abandonadas, ninguneadas,
utilizadas
Las
personas que se han ido de este mundo sin poder despedirse de su familia
Las
personas que han perdido a seres queridos y no han podido despedirse como
hubieran deseado. Un acto de reparación social es más que necesario.
BRAVO, GRACIAS y UN
RECONOCIMIENTO A:
Todas
las niñas y niños que están en casa sin poder salir (esta parte iría en
"PERDÓN") por enseñar muchas lecciones a las personas adultas
con las que vivís. Quizás, una de las más importantes, que estar tiempo y
sentirse queridas y seguras, es lo más valioso (pista para reorganizar escala
de prioridad€s consumistas adultas)
Todas
las personas que están cuidándose para cuidar a las demás
Todas
las personas que nos cuidan: produciendo alimentos de la tierra,
transportándolos, vendiéndolos en mercados, a domicilio, a las personas
que trabajan en los supermercados (¡menuda paciencia estos días!), a las
que nos cuidan en los centros de salud y hospitales
Todas
las personas que han puesto en marcha y participan en iniciativas
sociocomunitarias que están surgiendo para dar respuesta vecinal y
ciudadana a las necesidades que se presentan: desde materiales, hasta de
acompañamiento y de cuidados
Y un
reconocimiento más que necesario a las madres, abuelas, tías, primas… que
nos han cuidado y nos siguen cuidando (por obligación del patriarcado, más
que por “amor” o por deseo propio). Ojalá los cuidados se valoricen,
socialicen, comunitaricen, redistribuyan entre todas las personas que
habitamos los hogares, primero, por justicia, porque no es justo que las
tareas de la casa no se compartan. Y segundo, porque ser una persona
“inútil funcional” en la vida es muy triste... Parte del currículo educativo de
este confinamiento podría haber ido por ahí, por aprender a ser personas
autónomas en el cuidado personal y corresponsables en el hogar… Lo lanzo
como propuesta curricular para futuros confinamientos de emergencias
climáticas que estén por llegar...
Y otro
reconocimiento a las trabajadoras en los hogaresque
hacen labores esenciales para la vida de las personas que viven en ellos,
arriesgando sus vidas y en unas condiciones laborales injustas
Mensaje en una de las torres de Salburua. ¡Gracias por cuidarte/nos!
Crisis en griego y en
latín significa cambio. Desde luego, lo que estamos viviendo puede ser una
oportunidad para cambiar, tanto a nivel personal, como colectivo. Y
cambiaremos, ¡vaya si cambiaremos! Lo hacemos a diario para adaptarnos y para superar dificultades. Otra cuestión es si el cambio será para redistribuir
mucho mejor que hasta ahora las ganancias y las pérdidas (económicas, pero no
solo, también las emocionales y vivenciales que dan VALOR a la vida, como por
ejemplo, conectarnos con personas con merecen la alegría, o, LOS CUIDADOS, esos
que nos sostienen cada día, sin darnos cuenta cuando tenemos salud o tenemos
cerca personas duendæs que hacen que todo funcione...).
Y, ¡se me olvidaba!
Antes de apagar las pantallas y de cerrar los ojos, el día de ayer terminaba
con este texto >>> que a su vez, me llevó a un artículo, que me pareció
otro gran regalo, más en los tiempos que vivimos: Reflexiones
sobre vivir y morir, de Elisabeth Kubler Ross. Interesante tenerlas en cuenta...
Gracias a las BELLAS personas subversivas, que, desde los márgenes, al límite de "lo legal" (que no suele ser lo más justo), hackean sistemas mentales y organizativos, nos muestran que hay muchas luces entre las sombras, y nos inspiran para lograr nuestros sueños, con su ejemplo de vida.
Escucharnos, acompañarnos en nuestros procesos de aprendizaje.
Estar cerca para sostener el necesario duelo, para desenmarañar hilos y tejer narraciones de hechos sin culpas, sin daños.
O bien hacer ovillos con hilos de pensamientos de colores y guardarlos, regalarlos, desecharlos... sacarlos fuera donde no nos hagan daño...
Tener personas cerca que nos cuidan y sostienen nuestras vidas es una gran suerte. Cuando la red falla, saber que alguien nos acompañará y nos escuchará, sin prejuicios, sin recomendaciones de lo (in)correcto, nos alivia.
Hace 10 años, en la madrugada del 24 de agosto de 2006, después de varios meses con un problema físico (esguince), tensiones mentales, emocionales, sociales y viajes... mi cerebro hizo "crack", así, literalmente.
En aquellos momentos supongo que para las personas que presenciaron mi "brote psicótico" fue un gran palo encontrarme delirando y haciendo cosas de lo más rocambolescas que solo aparecen en los escenarios y en la pequeña o gran pantalla.
Lo más cañero es que con la mala memoria que tengo, todavía recuerdo muchas de esas escenas...
Tras los primeros 12 días de ingreso en la planta de psiquiatría de un hospital (lugar que no recomiendo a nadie y, desde luego, lugar que podría ser más acogedor), llegó un periodo de transición. Vinieron a visitarme mis amistades más cercanas, algo que me hizo muchísima ilusión. Y escribí estas palabras en mi blog. Me ha emocionado releer los mensajes que me dejaron amistades presenciales y virtuales.
La medicación y yo no nos llevábamos bien: demasiados efectos secundarios y sensaciones raras. Tuve otra recaída y esta vez la estancia en el hospital se prolongó casi un mes. Yo solo quería irme de allí, pero no al norte, sino al sur. Más de una, dos y tres noches dormí atada. Las horas se me pasaban mirando el techo de la habitación y la persiana. Muchas mañanas fui incapaz de levantarme por mí misma. Necesitaba los cuidados permanentes de enfermeras para hacer lo más básico (asearme, vestirme...). ¡Qué grandes y qué paciencia la de esas mujeres! Y... ¡qué fragilidad la humana!
Así resumiendo (algún día lo escribiré en formato trilogía):
De 2006 a 2008 estuve hiper-mega-medicada. Lo que hacía a diario era "vegetar": comer, pasear, dormir. No podía leer, no era capaz de seguir una conversación, de concentrarme, de sentir... lo que fuera.
A mediados de 2008, Jacint Jordana, mi director de Tesis, contactó conmigo para animarme a escribir un artículo para una revista sobre los contenidos de mi trabajo de investigación. Le dije que con la medicación que tenía no era capaz de leer, de concentrarme... Y él me dijo que, bueno, que lo intentará... Fue uno de mis estímulos/motivaciones principales para volver a tomar las riendas de mi mente (empoderarme, lo llaman ahora).
En mis visitas al psiquiatra le comentaba que quería retomar mi actividad profesional y que con la medicación que tenía no podía concentrarme. Muy poco a poco fuimos reduciendo la medicación (De 7 a 2). Mientras tanto, estuve más o menos un año haciendo psicoterapia.
A finales de 2008 volví al norte a hacer vida autónoma sin los cuidados permanentes de mi madre y abuela.
En 2009 comencé a trabajar en un proyecto absorbente, pero a la vez fantástico, en el que aprendí competencias y herramientas que hoy en día me siguen valiendo. Con gente con la que aprendí mucho y me lo pasé también muy bien.
El 25 de enero de 2010 defendí mi tesis doctoral. Un logro, ¡todo un logro!. El mayor logro de mi vida profesional. Durante los dos años de medicación/anulación/recuperación dudaba de si podría volver a ponerme con ella y terminarla... La terminé. Pero sentir y expresar emociones, creo que por la medicación, seguía siendo una cuestión pendiente. Lo que vivía, bueno o malo, sucedía así como fuera de mí, en otra dimensión (vamos, como que me resbalaba...)
De 2008 a 2013 mis emociones han estado
bastante adormecidas. Lo bueno y malo que me sucedía, parecía que estaban en
otro plano: yo observaba, pero a distancia. Últimamente noto que me
emociono más por lo que vivo, veo, escucho. Disfruto con los pequeños detalles
de mi entorno. Sin embargo, siento un molesto hormigueo en mis brazos y piernas, más cuando me voy a dormir. Yo lo achaco a la
medicación. He pedido que me hagan pruebas, analíticas, etc… y todo,
aparentemente, está bien. Mi psiquiatra me dice que la gente bipolar no se queja de
este tipo de dolencias (…).
Desde 2009 tengo la medicación mínima, según mi psiquiatra, para que los niveles de litio (ese material de las baterías) se mantengan estables (estabilizador del estado de ánimo) y mis neurotransmisores transmitan correctamente la información a las neuronas. Y así evitarme los subidones o bajones, que caracterizan a las personas bipolares. Tengo un trastorno bipolary un tratamiento para toda mi vida (dos pastillas de Plenur al día: 1-0-1). Llevo 10 años y así seguiré, por prescripción médica (y no será por las veces que he preguntado cuánto tiempo tengo que seguir...). A menos que asuma el riesgo de dejarla para gestionar mi vida (aviso que asusta: cada recaída empeora la recuperación). O a menos que, con el tiempo, descubran que teniendo una vida equilibrada, una mente tranquila, una alimentación y unas relaciones sanas... es posible vivir sin medicarse (algo bastante complicado de llevar a la práctica a nivel personal y, por otro lado, no creo que publiquen ningún artículo científico con esta "terapia-del-equilibrio-sin.pastillas" porque se le acaba el chollo a las farmacéuticas).
En julio de 2016, renové mi carnet de conducir y tras renovarlo en 2007 por 1 año; 2 veces por 2 años, 1 vez por 5 años; y en 2016, con el informe psiquiátrico favorable que indica que estoy estable, me han renovado el permiso... ¡por 10 años! (sí, ya sé que hay gente por ahí con carnet que dice que no se medica...). Parecerá una chorrada-administrativa, pero a mí me pareció otro importante logro. Además, las dos personas que me atendieron me felicitaron y se alegraron (y eso que hasta dentro de 10 años no me verán/cobrarán de nuevo).
Solo NO he logrado en estos 10 años donar sangre (no puedo por tomar litio).
Lo que he aprendido:
los cuidados son la base de nuestras vidas: familia, amistades, profesionales que cuidan y acompañan son claves para la recuperación, ánimo, motivación...vida.
que todo en esta vida puede resolverse: si se quiere, es posible encontrar soluciones, sin darle demasiadas vueltas al tarro, o decidir no hacer nada, ¿por qué no?
a ser mucho más humilde y a expresar mucho más mi agradecimiento*
a disfrutar con los pequeños grandes regalos de la vida, de la naturaleza, de la gente
que mi mente viaja mucho más rápido que mi cuerpo, y está bien
que el dolor es una señal que nos avisa: que paremos, que seamos conscientes de lo que hacemos
que hay personas "bipolares" sin medicar :-)
que hay gente, poca, pero con alta toxicidad (detectar, evitar y alejarse lo antes posible)
que hay mucha, muchísima más gente que se alegra de verme bien
que cada día puedo aprender y superarme
seguro que mucho más...
Lo que me gustaría que ofrecieran los sistemas públicos de salud:
Llevo más de dos años trasladando a mi psiquiatra que sería interesante para pacientes bipolares programas de "Paciente Activo" y ella me dice que lo trasladará a las altas esferas. Así que tendré que sugerir directamente en esas esferas esta propuesta (se pasa el tiempo y no obtengo respuesta...). Creo que medica(liza)r ayuda, pero no es suficiente. El entorno que nos sostiene (familia, amistades, pareja), la motivación, la ilusión, las ganas de ser, de tomar conciencia y de sentir no vienen en cajas de medicamentos. Veo a mi alrededor gente sobremedicada, anulada; y gente que tiene subidones y bajones de estado de ánimo y parece, se denomina o la denominan "bipolar" sin serlo médicamente hablando.
Actualización: El Programa Paciente Activo está abierto a cualquier persona con una "enfermedad crónica" y/o personas cuidadoras de pacientes con enfermedades crónicas. Y la vocación del programa no es hacer grupos por dolencia, sino por zonas geográficas.
* No cito a nadie, para no dejarme a nadie. Muchas gracias a todas las personas que me conocéis desde siempre. Y gracias también a quienes me habéis conocido después de mi "renacimiento". Como alguna de vosotras me decía hace 10 años, espero que mi experiencia sirva para aprender a tomarnos la vida con más calma, relajo, disfrutando de lo que nos encontramos por el camino y desechando las toxicidades que perjudican nuestras saludes. ¡Nos vemos en las calles y en las redes!
En este mundo globalizado y tecnologizado en el que vivimos, no sé cómo todavía me sorprende que haya personas que usen el fetichismo tecnológico para transmitir modernidad, innovación y otras formas de hacer las cosas... cuando sus valores, creencias y maneras de trabajar reales, siguen siendo los mismos y arcaicos de siempre (va con ironía).
Mi reflexión, como ciudadana, politóloga y apasionada (teórica) por la gobernanza en las políticas y decisiones públicas es quesería más innovador, revolucionario, práctico y útil que esos presupuestos se elaborasen contando con la participación de más personas cercanas a la realidad de las vidas de la calle, haciendo un uso_con_sentido de las TIC para facilitar este trabajo y teniendo en cuenta las necesidades (algo más) reales de la ciudadanía: invirtiendo en cuidados, salud, motivación para el aprendizaje y el trabajo en equipo, ilusión para construir alternativas económicas sostenibles e inclusivas... en lugar de seguir invirtiendo en los grandes negocios de las de siempre (construcción, seguridad, energía y telecomunicaciones privatizadas...), rescatando bancos...
En fin, por mucho que usemos moderna cacharrería tecnológica de última generación, si la usamos para seguir haciendo y pensando de la misma manera, no evolucionaremos ni innovaremos, sino que (nos) engañaremos. Tenemos (más que nunca) a nuestro alcance herramientas sencillas que nos permiten conectarnos, enredarnos, sumar esfuerzos, tejer redes... La complejidad está en las personas; en revisar y actualizar nuestros valores, creencias y maneras de relacionarnos. ¿Estamos dispuestas a construir con otras personas, a ceder parte de nuestra "verdad" o visiones del mundo? ¿Queremos lograr mínimos comunes que nos ayuden a tender puentes, o bien mantenemos la obsesión por los elementos que nos diferencian del resto, nos dividen, nos separan [y hay quien se aprovecha de ello: partidos políticos et al...]?
Las TIC no son la respuesta. No son fines en sí mismas. Son herramientas que pueden estar (o no) a nuestro servicio, según los valores y propósitos de quienes las usen. Las TIC pueden ayudar a refrescarnos muchas preguntas que a lo largo de la Historia, la Humanidad se ha ido haciendo. Afortunadamente, hoy muchas más personas que antes podemos reflexionar sobre estas cuestiones. Aunque, por desgracia, sigue habiendo millones de personas que sobreviven en un mundo plagado de brechas, injusticias, mala distribución de los recursos y mal uso consentido de los mismos. En nuestras manos está conocer mejor qué son las TIC, cómo se fabrican, para qué nos sirven y cómo nos pueden ayudar a construir relaciones, proyectos... en clave de sostenibilidad, igualdad, respeto, justicia social... (o los valores que cada cual ponga en su balanza).
He participado en un interesante taller que llevaba el título del post. ¿Por qué un taller para aprender a cuidar y a cuidarme?
Pues porque nadie nos ha enseñado nunca a negociar y marcar cuáles van a ser los límites y las reglas para que a) cuidemos a otras personas; b) otras personas nos cuiden; c) cuidemos de nosotras mismas (legitimarme, quererme, perdonarme).
Y, aún más importante, porque es vital indagar en nosotras mismas sobre qué quiero y cómo quiero sentirme; y encontrar el difícil equilibrio entre lo que quiero (YO deseo), debo hacer (mandato social) y puedo hacer (lo que la realidad me permite).
Inma Merino
Han sido solo dos sesiones de 4 horas. Muy corto, pero Inma Merino de Castro nos ha mostrado estrategias y "herramientas" que a partir de ahora, cada una, según nuestra realidad, actitud y personalidad, tendremos que ir trabajando.
Las mujeres continuamos ejerciendo el rol de cuidadoras de las demás personas: criaturas, pareja, personas mayores... En este taller trataremos de analizar qué es cuidar y qué supone para las mujeres: derecho o deber. Veremos cómo son los cuidados que ejercemos desde el deseo de cuidar o la obligación y las renuncias que hacemos por "amor" y por el cuidado. Nos topamos con dificultades generacionales y diversas posturas ante este rol, aunque de fondo compartimos los cuidados porque "las mujeres son cuidadas por otras mujeres". Pero, ¿podemos cuidar de otra manera? ¿Podemos poner límites? ¿Cómo puedo negociar conmigo misma para no sentirme mala madre, mala hija, mala cuidadora...? También reflexionaremos sobre la necesidad de cuidarnos nosotras y la responsabilidad que ello supone para conmigo misma, para la mejora de nuestra calidad de vida. Formadora: Inmaculada Merino de Castro. Experta en empoderamiento de las mujeres y en intervención en violencia contra las mujeres.
Es muy necesario que reflexionemos sobre los cuidados: son fundamentales para sostener la vida. Es hora de que la mitad de la población "cuidada" (¿hombres?) compartan y se corresponsabilicen de cuidar y cuidarse, ya que llevan siglos y siglos siendo cuidados y sostenidos por mujeres a quienes se les ha marcado a fuego que CUIDAR era SU OBLIGACIÓN... Queda mucho por deconstruir y "hackear".
Se nota que no soy @Pernan :-)
Y, aunque no puedo cambiar el mundo, ni Euskadi, ni mi ciudad... sí puedo asumir mi responsabilidad individual de (re)conocer quién soy, qué quiero, con quién quiero compartir mi vida, a quién/qué quiero dedicar mis energías.
Una vez recuperada y legitimada MI PERSONA y MI ESENCIA, podré negociar con otras sobre lo que estoy dispuesta a entregar...
Y aquí me viene a la mente la fábula del cerdo implicado y la gallina involucrada... Las relaciones de poder entre hombres y mujeres y entre personas siempre existen, porque en la vida tomamos cientos de decisiones que afectan a otras personas.
Las relaciones pueden ser recíprocas y equilibradas o de dominación y desigualdad. Ummm, todo este ámbito de lo privado y de los cuidados es un tema muy político, aunque aparentemente el patriarcado trate de recluirlo al ámbito de lo privado...
Queda mucho por hacer, pero es una suerte que muchas mujeres (y algunos hombres) YA pongan en valor los cuidados y reconozcan la importancia de visibilizar las relaciones de poder que subyacen en estos procesos claves para vivir vidas que merezcan la alegría vivirse.
Ha sido un gustazo participar en este taller. Y como podéis ver, nos hemos cuidado muy bien. Gracias, Inma, por acompañarnos en este proceso de respirar, sentir, legitimarme, negociar, mejorar, cambiar, empoderarme, etc...
Estos días he estado por Valencia de Alcántara, en la provincia de Cáceres. Primavera es la mejor época del año para hacer rutillas por Extremadura, unas tierras extensas que en esta época del año visten sus campos y prados; ríos y regatos; rocas y canchales con los mejores colores, olores y... sabores :-) Este año ha llovido más que nunca. Pero por eso, el campo está y estará más bonito que nunca. Mi maestra y amiga Queen, me regaló unas palabras antes de irme. Y le dije que haría un post con su poema y algunas imágenes que capturara. Aunque la realidad, siempre supera a la ficción. ¡¡Ahí va!!
Confío en que ya haya llegado la primavera a Extremadura.
Me imagino los campos verdes, con miles de colores,
atardeceres suavemente cálidos y paseos entre encinas.
Gentes amables, de mirada sosegada y manos anchas,
caminos amplios y luminosos, por donde transitar...
...hacia la ilusión, las ganas y el buen sentir, pensar y hacer.
Esta tarta es facilísima de hacer y está deliciosa. La receta original es de mi madre, a quien se la contó una vecina, que la aprendió de no sé quien. La hemos mejorado con un ingrediente diferente: en lugar de mantequilla, queso de untar.
Ingredientes:
(se pueden aumentar o disminuir al gusto)
1 paquete de pan de leche, brioches, pan de molde dulce, bizcochitos blandos, magdalenas valencianas,… o similares. Elegir solo una variedad, se entiende...
6/ 8 zanahorias, aprox.
Coco rallado, 125 grs. aprox.
Queso de untar (tipo Philadelphia) o mantequilla, un recipiente de unos 200grs. aprox.
Azúcar, 6/8 cucharadas aprox.
Preparación:
Se cuecen las zanahorias en una olla o cazuela con bastante agua, hasta que estén tiernas (y se guarda un vaso de ese agua de la cocción).
Se ponen en un bol grande, y se van añadiendo el resto de los ingredientes: una tacita de coco rallado (como 125 grs.), 6 u 8 cucharadas de azúcar, y una tarrina de queso de untar (unos 200 grs.) o lo mismo de mantequilla.
Se bate con la batidora todo esto, hasta que quede bien revuelto.
En un recipiente tipo bandeja alta, o tupperware, no muy grande (como de 20 cms. X 20 cms. aprox.), se va colocando una capa de los panes de leche o lo que sea… (cortados por la mitad como si fuera para un bocata…).
Se les echa agua del cocido de zanahorias por encima con una cuchara, para que empapen un poco, y después se les pone una capa un poco gruesa de la mezcla que hemos batido. Después se repite el proceso (otra capa de panes de leche, agua de zanahorias, y mezcla).
Normalmente queda así, pero se pueden poner tantas capas como se desee… añadiendo más materia prima a la mezcla, y con más panecillos….
Y ahora a disfrutar!!!!, ¡buen provecho!!!!.
Se conserva mejor bien tapada en la nevera, sacándola un poco de tiempo antes de degustarla…
Sabía que a mi abu, de 85 primaveras, le encantaría la Nexus7. Pero nunca me imagine que fuera para tanto. Esta tarde se encontraba un poco cansada y le dolían los ojos. Así que no quería seguir cosiendo.
Pero le dije si quería jugar con la tablet y me dijo que sí, con esos ojos de pillina que pone ella. Le encanta ese juego de meter una bolita en el agujero correcto salvando distintos obstáculos cada vez más difíciles. Y lo mejor es que de estar medio dormida, en estos momentos cada vez que la bolita llega al agujero y pasa nivel (pulsando en "next level" ella solita) pega un grito diciendo "GOL".
Vamos, que se lo está pasando como una enana ;-) Miedo 0 a romper la tableta. Usabilidad 100% al controlar la pantalla táctil. Ejercicio ideal para sus brazos y dedos. La caja tonta apagada, que así está más bonita y no dice tonterías. Y la mente de mi abuela Manoliña activa y despierta.
Ni Sopas de Letras, ni lectura de las aventuras de Manolito Gafotas y su abuelo (con quien nos identificamos ella y yo). La Nexus7 le ha cautivado... aunque después de jugar más de media hora, tiene las manos tiesas de la tensión del juego ;-) Tendrá que decirle a mi madre que le haga unos guantes para poder jugar con las manos calentitas :-)