Hace un par de años, me mostraron una planta, dulce, fantástica para las personas con diabetes y con otras muchas propiedades que... curiosamente estaba "prohibida" y habia que "trapichear" con ella para multiplicarla y compartirla, como si fuéramos traficantes de alimentos saludables. Todo ello debido a que grandes empresas alimenticias (azucareras o cocacoleras) no querían perder el monopolio de endulzarnos (y amargarnos) la vida. Esa planta deseada y odiada es la
Stevia.
Indagando en Internet descubrí un
Manual de Cultivo y uso de la Stevia fantástico de
Josep Pamíes que comenzó a guiarme en mi aventura de cuidar una Stevia en mi huerto urbano y aprovechar sus beneficios, así como transmitir a la gente que venía a mi casa, de forma resumida, la historia de esta planta, que tantos intereses tiene porque, desgraciadamente, cuando la naturaleza se convierte en negocio... lo dulce se vuelve amargo y nuestra salud está en manos de farmacéuticas, empresas de alimentación, etc que quieren controlarnos nuestra vida y ponernos fecha de caducidad (o de enfermar preferentemente antes de...)
Hace unas semanas descubrí en un supermercado Truvia. Confieso que compré el producto ya que en mi familia hay una persona con diabetes y me pareció más "cómodo" utilizar un sobrecito de edulcorante que comer la hoja o todo el proceso de secado. Ya se sabe que cuando vas de compra, sueles tener prisa y metes al carro cosas que después con calma lees, procesas y descubres que es un timo: solo un
1% de stevia en su composición. Y leyendo en Internet otras
fuentes críticas, que poco tienen que ver con las
fuentes de marketing oficiales, descubres que además, contiene componentes que pueden perjudicar a las personas diabéticas. En fin, una vez más jugando con nuestra salud para hacer caja... Menos mal que con el ticket y la caja sin abrir me han devuelto mis 2€ (que es lo que vale una plantita de verdad de "
stevia rebaudiana" que puede endulzarte la vida sin contraindicaciones).