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miércoles, 9 de septiembre de 2020

Bacalao a bras, dorado o dourado en 6 pasos

No sé si dan algún punto para conseguir la nacionalidad portuguesa siendo una crack con esta receta, pero he conseguido hacer un "bacalao a la dorada", como decimos en mi casa, que poco tiene que envidiar al que se come en los restaurantes de Portugal. Seguro que los hogares portugueses superan mi receta, pero como aún no tengo una "familia de elección" portuguesa, no he podido comprobarlo.

Dejo aquí una búsqueda en Google con más de 80.000 resultados de búsqueda para quien quiera investigar más.

Y, a petición popular, va mi receta como la hago. No esperéis cantidades. Yo funciono "a bulto". Calcula las cantidades según el hambre que tengáis y el número de comensales.

  • Primero, desala y desmiga con la mano el bacalao
  • Segundo, trocea y rehoga cebolla en una sartén
  • Tercero, añade el bacalao y rehoga todo junto
  • Cuarto, añade patatas fritas (de bolsa o fritas por ti) en tiras (forma de paja) y sigue removiendo
  • Quinto, añade huevos batidos para lograr una mezcla. Que quede más o menos seca o húmeda, depende de vuestros gustos
  • Sexto, puedes añadirle un poco de perejil (o cilantro... que usan para todo en Portugal) a modo decorativo por encima
  • Y listo para zampar con vinho verde y, a ser posible, buena compañia!

Nota: Si vas a Portugal por primera vez, ten en cuenta que las raciones suelen ser enormes. Aunque parezca una "tortilla de patata", la imagen de arriba es una ración de bacalao a la dorada de un restaurante de la Portagem.

lunes, 26 de agosto de 2019

Recuerdos de agosto

Alcornoque en La Campiña
Hasta que mi abuela Manoli vivió en su casa del campo (aprox 2004), los meses de verano los pasaba allí, en mitad de unos canchales, sin cobertura y hasta mediados de los ochenta sin luz, sin agua, sin baño, sin tele. Para mí ir allí era desconectar de la ciudad y conectar con la naturaleza, con mi lado más "silvestre". Era "un juego" divertido. Luego, regresaba a la "civilización" y durante las primeras semanas mi madre ponía carteles en casa con el texto "Hablar bajito" para que mi tono de voz se adaptara de nuevo a la vida en un piso. Este verano he descubierto que personas de, más o menos mi edad, han vivido hasta inicios del siglo XXI, en la península ibérica, sin luz, sin agua, sin gas, cada día. Para ellas no era nada divertido, al contrario: se cuestionaban por qué tenían que vivir en esas condiciones, cuando a escasos metros de su casa (en mitad de una finca), las personas tenían acceso a servicios esenciales (agua, saneamiento, energía...).

Recuerdo cómo mi abuela me contaba que mi abuelo y sus amigos cuando fumaban (tabaco de liar principalmente), apagaban muy, muy bien la colilla y la guardaban para que no hubiera incendios. El campo era su vida. Hoy en día, hay muchos intereses económicos en juego para que ardan los campos y, desde luego, son intereses que nunca tienen en cuenta a las personas que viven junto a las plantaciones de eucaliptos, pinos... o junto a los bosques quemados.

Campos alaveses

Recuerdo el olor de la sandía, que mi abuela con sus manos rompía junto a la esquina de la pared de la alberca y nos comíamos como si la corteza fuera un cuenco y la carne de la sandía el líquido rojo más preciado en una mañana calurosa de agosto. El olor, color y sabor de esas sandías no se me han olvidado nunca. Y, de vez en cuando, cuando como sandía, revivo esos momentos en el rincón paradisiaco lleno de vida, en la huerta de mi abuela.

Viva la Vida (Frida Khalo, 1954) - Ver fuente

Este agosto pensaba pasarlo tranquilamente en Vitoria-Gasteiz, sin salir más que los días de fiestas, que intento huir siempre que puedo... Sin embargo, fueron surgiendo varias propuestas viajeras a las que no pude resistirme: Alsacia y Selva Negra (tour en coche), Lusitania (tren hotel + coche), Las Merindades y Álava (furgo)...

Alsacia: arquitectura y viñedos

Disfruté muchísimo con la compañía y también con los lugares, los desconocidos, en los que estuve hace 20 años de Erasmus (sin tanta gente de turisteo), a los que intento regresar siempre que puedo, y esos espectaculares que tenemos al lado de casa pero desconocemos.

Calçada portuguesa: obras de arte por los suelos

Vistas desde Puentedey a las montañas de Las Merindades (Burgos)

Uno de esos tantos lugares que me encantan para parar un rato y desconectar es la Taberna La Era. Cuando entras y descubres su Menú de VIDA... ya todo lo demás que te encuentras te hace sentir bien...


Y otro de los ingredientes a añadir para un menú de VIDA que nos siente bien, es hacer de cualquier lugar en el que nos encontramos un paraíso, para disfrutarlo con una misma y con las personas que nos enaMORAn cada día, por lo que son y por lo que nos hacen ser cuando estamos con ellas o las recordamos :-)


Y cada día, estemos donde estemos, un nuevo amanecer y atardecer nos esperan. 


Aunque los atardeceres, mirando a Marvão, siguen siendo mis preferidos.

miércoles, 25 de abril de 2018

La camarera que dio nombre de flor a la revolución portuguesa

Fuente: O César o Nada


Celeste Caeiro es la camarera que dio nombre a la revolución portuguesa del 25 de abril de 1974 que acabó con la dictadura salazarista portuguesa desde 1926 dando paso a un estado democrático republicano.

Celeste, vive con una pensión de 370 euros en una pequeña casa a pocos metros de la Avenida de la Libertad en Lisboa. Al menos eso decía El Periódico en 2016.

Hasta diciembre de 2017 su biografía no estaba en Wikipedia. Gracias a Camelia Boban de WikiDonne, vía Twitter logramos en pocos días que su bio estuviera en 11 idiomas.
No sé si su gesto y gesta tienen el reconocimiento que se merecen. Por mi parte, todo mi agradecimiento y reconocimiento a esa gran mujer que logró reescribir la Historia bélico-militar revolucionaria con dulzura y esperanza. Muito obrigada, Celeste dos Cravos!