Nunca nos viene bien despedir a las personas queridas. Y, menos, cuando se trata de alguien especial como Manuela, también conocida como tí Manuela, tía Manuela, tita Manoli, Manoli, Manolita, Manoliña... Ayer y hoy en el tanatorio hemos recordado muchas anécdotas que hemos vivido con ella.
Estoy segura que a la mayoría de las personas que la hemos conocido, cuando la recordemos, se nos iluminará la cara con una sonrisa.
Mi abuela siempre decía que lo único seguro que tenemos cuando nacemos, es que nos vamos a morir. Pero se nos olvida. Vamos corriendo por la vida sin pararnos a disfrutar de los pequeños placeres cotidianos, de las conversaciones, de los encuentros inesperados. La tí Manuela también corría hasta que la cadera se le fastidió hace unos 19 años y tuvo que reinventarse. Dejó su Prado, fue a vivir con su hija a Valencia y comenzó a realizar otras actividades nuevas para ella: estar sentada, hacer vainicas, pintar, hacer pasatiempos, hacer puzzles, además de ayudar a mi madre con muchas labores domésticas.
A su casa del Prado y a la de mi madre siempre han venido personas de la Campiña, de Valencia y de Vitoria a visitarle, hasta el COVID. Esa ausencia de conversación y de relaciones interpersonales supuso un bajón para la Manolita y para tantos millones de personas. Uno de sus objetivos vitales era lograr arrancar una sonrisa a la persona más seria y más triste con la que estuviera. Y casi siempre lo lograba. Estar un rato conversando con la Manuela Vicho (o con cualquier persona que sabe escuchar, supongo), era sanador. Hasta sus sobrinos biznietos lo sabían, y le compusieron una canción que dice “tía Manuela, siempre está contenta, nos gusta ir a verla”.
Siempre contenta, pues va a ser que no. Pero la actitud de superación y de adaptación de la tita Manoli ante las circunstancias y, sobre todo, su sentido del humor que le ha acompañado hasta su último día de vida, me parecen esenciales para vivir una vida digna de ser vivida y compartida.
Manoli, infinitas gracias por haber formado parte de nuestras vidas como hermana, madre, tía, abuela, bisabuela, suegra, vecina, amiga y familia de elección para muchas personas que la consideráis como de la familia…
Muito obrigada avozinha, por ser una gran sembradora de momentos vitales significativos que recordaremos siempre!!
¡¡Que tu legado, tu recuerdo y tu actitud ante la vida
nos acompañen siempre!!
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