lunes, 24 de agosto de 2026

20 años después... ¡sé algo mejor qué es vivir!

Foto: Mike Peel, eclipse total en Vitoria-Gasteiz, Wikimedia Commons

Llevamos varios meses preparándonos para contemplar el eclipse del 12 de agosto. Y tenemos dos más en la península ibérica en 2027 y 2028. Los eclipses son fenómenos habituales en el planeta, pero no en el lugar que habitamos, lo cual, hace que sean acontecimientos "especiales" para algunas personas; para otras, una oportunidad de negocio; para otras, una oportunidad para encontrarse y celebrar... y para otras una tontería o les resulta irrelevante o indiferente. En fin, para gustos, los (c)olores... Y luego, esperar a que las nubes no fastidien en acontecimiento... La naturaleza, siempre por encima de los deseos humanos...

Eclipsar, en mi imaginario, tiene una connotación negativa: si una persona eclipsa a otra, no le está permitiendo brillar ni ser ella misma. Sin embargo, el eclipse total del día 12 es uno de esos acontecimientos positivos, que recordaré durante muchos años: dónde estaba, con quién, cómo se oscureció y volvió a hacerse de día, un atardecer con eclipse...

Hace 20 años, el 24 de agosto de 2006, mi cerebro hizo crack. Lo denomino "hackeo" mental. Hackear, para mí, tiene una connotación positiva: se trata de encontrar fallos en un sistema para poder arreglar lo que no funciona. Mi sistema llevaba tiempo fallando (no me alimentaba bien, no dormía bien, no gestionaba bien mis emociones, un cúmulo de factores...). Nunca sabré qué habría sido de mí sin el hackeo-crisis-brote psicótico que dio un vuelco a mis prioridades en la vida.

He escrito varios posts a lo largo de estos años sobre este tema:

Si tuviera que sintetizar en diez las claves de mi recuperación, a día de hoy, diría que son: 

  1. apoyo incondicional y cuidados de mi red familiar y mi red de amistades (¡qué importante tener red que nos sostiene!)
  2. poderme permitir parar, descansar, dormir bien (muchísimas personas no se lo pueden permitir)
  3. alimentarme e hidratarme bien y establecer rutinas saludables (muchísimas personas tampoco se lo pueden permitir)
  4. estar en contacto con la naturaleza y con Mimi (nuestra perrita, que acompañaba, estaba, no juzgaba)
  5. trabajo personal de autoconocimiento con profesionales de la psicología para identificar malestares emocionales y aprender a gestionar mejor mis emociones
  6. aprender a escuchar mejor mi cuerpo
  7. aprender sobre el funcionamiento del cerebro y del dolor
  8. decidir retomar mi actividad profesional, tras dos años de parón, para lo cual, reduje la medicación de 7 a 2 pastillas, con seguimiento médico
  9. cuestionar que tuviera que medicarme de por vida, tras años de trata.miento para una etiqueta (trastorno bipolar) que, parece que en mi caso (¿y cuántos más habrá?), se equivocaron al ponerme; y explorar otras vías de conocimiento (neurobiología del dolor, kinesiología, etc...)
  10. contar con profesionales médicos que, tras 18 años de estabilidad sin recaídas, decidieron acompañarme en la retirada de la medicación haciendo seguimiento (enfermera cada seis meses; psiquiatra cada año)
20 años después, agradezco cada mañana poder tener 24 horas por delante para disfrutar y agradezco a las personas que me han acompañado antes, durante y después de mi hackeo. ¡Ojalá no tuviéramos que tener enfermedades, malestares emocionales o crisis vitales para valorar lo esencial de la vida! En cualquier caso, para mí, lo esencial en esta vida es disfrutarla, estar en paz con una misma y:
  • conocernos cada día un poquito mejor: escuchándonos y cuidándonos mejor; y escuchando, con humildad, a quienes nos quieren bien y nos muestran nuestras luces y sombras; con ganas de aprender y de incorporar pequeños-grandes cambios que nos hacen sentirnos y encontrarnos mejor con nosotras mismas y con las demás personas
  • saber qué NO queremos en nuestras vidas: ser capaces de poner límites y saber gestionar (como podamos) aquello que no nos hace bien. Como diría Rozalen, en la medida de lo posible, "lo que no nos aporte, lejos"... o ser capaces de NO prestarle nuestra valiosa atención y energía si no podemos alejarnos...

sábado, 15 de agosto de 2026

Entusiasmarme cada día

Fuente: rbesonias

Ayer disfruté de un agradable trayecto a Donosti en coche en compañía de un colega muy entusiasta que me transmite muy buena energía (y parece que es recíproco :-) 

En Donosti estuve con amigas conversando sobre un montón de temas en los que, principalmente, destacaban aspectos a mejorar (transporte, burocracia, gobierno, servicios sociales, lo petada que está la ciudad en fiestas, el calor que hace...), desde mi punto de vista, sin demasiado entusiasmo; más desde la queja y lo mal que está el mundo. Percibí entusiasmo cuando recordaron una escena de una pata y sus patitos metiéndose en un charco de barro.

Tengo tendencia a ver la botella medio llena. Y está bien tener cerca a quienes la ven medio vacía, porque me muestran otras perspectivas. Sin embargo, me quedo con mi mirada ilusa e ilusionada del mundo. Y estar con personas entusiastas, ¡¡me carga las pilas!!

Frente al centro de salud de Valencia de Alcántara, hace años, se podía leer esta cita: "La queja, aleja". Por deformación profesional soy politóloga y me gusta tratar de encontrar alternativas/respuestas (hablar de soluciones son palabras mayores). Por eso, mi tendencia ante una queja (o algo que no funciona) es proponer alternativas/respuestas. Aunque a quienes les gusta analizar la realidad desde lo que no funciona, lo que pretenden es mostrar lo que no funciona, no es que se estén quejando, desde su punto de vista. 

Así que, solo para quienes se quejan de verdad: ¡menos quejas! y más pensar qué podemos hacer para cambiar una realidad que no nos gusta, si es que podemos hacer algo para cambiarla. Y si no podemos hacer nada, ¡que seamos capaces de seguir entusiasmándonos cada día!

En el viaje de vuelta me acompañaron María Torres y Andrés Pascual con el podcast sobre El entusiasmo, en Radio Nacional de España en el programa Mente Abierta.

Y a ti, ¿qué te entusiasma? A mí:

  • Mirar al cielo y respirar profundo cada mañana y agradecer la posibilidad de vivir un nuevo día.
  • Mirar y sonreir a quienes me encuentro por la calle y arrancar una mirada cómplice y una sonrisa (esto lo heredé de mi abuela).
  • Disfrutar de los pequeños grandes placeres de la vida, como pasear en silencio por un parque o un bosque escuchando el sonido del bosque y sus habitantes.
  • Aprender y compartir 
  • Escuchar música y cantar
  • La tortilla de patata, de cualquier forma y a cualquier hora.
  • Soñar con vivir el invierno en Canarias, la primavera en Extremadura, el verano (¿?) y el otoño en Álava.
Tres miradas sobre el entusiasmo: