| Foto: Mike Peel, eclipse total en Vitoria-Gasteiz, Wikimedia Commons |
Llevamos varios meses preparándonos para contemplar el eclipse del 12 de agosto. Y tenemos dos más en la península ibérica en 2027 y 2028. Los eclipses son fenómenos habituales en el planeta, pero no en el lugar que habitamos, lo cual, hace que sean acontecimientos "especiales" para algunas personas; para otras, una oportunidad de negocio; para otras, una oportunidad para encontrarse y celebrar... y para otras una tontería o les resulta irrelevante o indiferente. En fin, para gustos, los (c)olores... Y luego, esperar a que las nubes no fastidien en acontecimiento... La naturaleza, siempre por encima de los deseos humanos...
Eclipsar, en mi imaginario, tiene una connotación negativa: si una persona eclipsa a otra, no le está permitiendo brillar ni ser ella misma. Sin embargo, el eclipse total del día 12 es uno de esos acontecimientos positivos, que recordaré durante muchos años: dónde estaba, con quién, cómo se oscureció y volvió a hacerse de día, un atardecer con eclipse...
Hace 20 años, el 24 de agosto de 2006, mi cerebro hizo crack. Lo denomino "hackeo" mental. Hackear, para mí, tiene una connotación positiva: se trata de encontrar fallos en un sistema para poder arreglar lo que no funciona. Mi sistema llevaba tiempo fallando (no me alimentaba bien, no dormía bien, no gestionaba bien mis emociones, un cúmulo de factores...). Nunca sabré qué habría sido de mí sin el hackeo-crisis-brote psicótico que dio un vuelco a mis prioridades en la vida.
He escrito varios posts a lo largo de estos años sobre este tema:
- Sueños..., 9 de septiembre de 2006 (40 comentarios)
- 10 años... de superación, 24 de agosto de 2016
- 18 años... ¡e infinitas gracias!, 24 de agosto de 2024
- Más de 50 kilos de litio después, ilusionada por cerrar etapa, 14 de noviembre de 2024
Si tuviera que sintetizar en diez las claves de mi recuperación, a día de hoy, diría que son:
- apoyo incondicional y cuidados de mi red familiar y mi red de amistades (¡qué importante tener red que nos sostiene!)
- poderme permitir parar, descansar, dormir bien (muchísimas personas no se lo pueden permitir)
- alimentarme e hidratarme bien y establecer rutinas saludables (muchísimas personas tampoco se lo pueden permitir)
- estar en contacto con la naturaleza y con Mimi (nuestra perrita, que acompañaba, estaba, no juzgaba)
- trabajo personal de autoconocimiento con profesionales de la psicología para identificar malestares emocionales y aprender a gestionar mejor mis emociones
- aprender a escuchar mejor mi cuerpo
- aprender sobre el funcionamiento del cerebro y del dolor
- decidir retomar mi actividad profesional, tras dos años de parón, para lo cual, reduje la medicación de 7 a 2 pastillas, con seguimiento médico
- cuestionar que tuviera que medicarme de por vida, tras años de trata.miento para una etiqueta (trastorno bipolar) que, parece que en mi caso (¿y cuántos más habrá?), se equivocaron al ponerme; y explorar otras vías de conocimiento (neurobiología del dolor, kinesiología, etc...)
- contar con profesionales médicos que, tras 18 años de estabilidad sin recaídas, decidieron acompañarme en la retirada de la medicación haciendo seguimiento (enfermera cada seis meses; psiquiatra cada año)
- conocernos cada día un poquito mejor: escuchándonos y cuidándonos mejor; y escuchando, con humildad, a quienes nos quieren bien y nos muestran nuestras luces y sombras; con ganas de aprender y de incorporar pequeños-grandes cambios que nos hacen sentirnos y encontrarnos mejor con nosotras mismas y con las demás personas
- saber qué NO queremos en nuestras vidas: ser capaces de poner límites y saber gestionar (como podamos) aquello que no nos hace bien. Como diría Rozalen, en la medida de lo posible, "lo que no nos aporte, lejos"... o ser capaces de NO prestarle nuestra valiosa atención y energía si no podemos alejarnos...
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