miércoles, 14 de noviembre de 2012

Por un uso inclusivo del Lenguaje

Gracias a mi amiga Eva Martínez Hernández que me ha enviado el enlace, he estado viendo la charla de Teresa Meana Suárez sobre El lenguaje como instrumento inclusivo en la práctica cotidiana de las Administraciones Públicas. No he conseguido insertar el vídeo en este post. Lo encontraréis tras el enlace anterior del título de su charla.

Hay que escuchar a Teresa con todos los sentidos. Cada una de sus palabras y sus ejemplos darían para reflexionar un buen rato. Su discurso ameno, ágil, divertido y al mismo tiempo reivindicativo hacen que sea fantástico escucharle y que también acabes agotada al no poder procesar tanta información por segundo. La ventaja de tener su charla grabada es poder escucharla las veces que queramos y difundirla en nuestras redes sociales, físicas y virtuales para que más personas puedan tomar conciencia de la importancia de nombrar y visibilizar la realidad de las personas que vivimos en esta sociedad.
Dice Teresa que muchas mujeres se dicen a sí mismas médico, concejal, abogado... Y su manera graciosa pero muy contundente y reivindicativa de visibilizar a las mujeres es: "¿A... que te operaste? Porque en el colegio eras chica".
Entre algunas de las muchas citas que nos menciona, se encuentran las de Aldous Huxley quien consideraba que las palabras son mágicas por los efectos que producen en las personas. Álvaro García Meseguer, señalaba que las palabras prefiguran muchas de nuestras ideas. Es el lenguaje el que habla a través de las personas. O bien, Eduardo Galeano trataba de dar visibilidad a otras personas que son invisibilizadas conscientemente. Son los ningunos del mundo. Los que no hacen arte, sino artesanía. Los que no hablan idiomas, sino dialectos. Los que no tienen cultura, sino folclore. Los que no son seres humanos, sino recursos humanos... Esa es la fuerza de la lengua.

Dice Teresa que "quien tiene el poder, tiene las palabras". Que usar "hombres" o "niños" en lugar de hombres y mujeres, niños y niñas no es algo que tenga nada que ver con la excusa de la economía de la lengua. El diccionario de la RAE refleja el poder de quienes hacen los diccionarios. Y si se ha n incluido "modisto" o "basurero" como profesiones; podrían revisarse numerosas definiciones androcentristas y sexistas. Algunos de los muchos ejemplos:
  • ¿Huérfano/a? "A quien se le ha muerto el padre o madre, preferiblemente el padre" [¿Qué pasa, que la madre vale menos?]
  • Sombrero: prenda de vestir de los varones para cubrirse la cabeza. Prenda de adorno para las mujeres. [Los hombres se visten; pero las mujeres se adornan]
  • Hombre:  Ser animado racional, varón o mujer. Varón que ha llegado a la edad adulta Grupo determinado del género humano. [El hombre europeo, El hombre del Renacimiento, El cuerpo del hombre... el hombre se alimenta; claro, la mujer no existe ni se alimenta ]
  • Mujer: Persona del sexo femenino [Ya no somos seres animados racionales, pero bueno], la que ha llegado a la pubertad o a la edad adulta. 
Teresa señala el salto semántico como el error lingüístico más frecuente que conlleva a la invisibilización de las mujeres. Los ingleses prefieren el té al café. También prefieren las mujeres rubias a las morenas. Por eso, los vascos, los hombres: es masculino (no es un genérico). Vascos y vascas no es duplicar ni repetir, sino nombrar magnitudes distintas. ¿Qué problema tenemos en nombrar? Otros ejemplos de este salto semántico:
  • Los alumnos pueden acudir con sus novias; El alumnado puede acudir con sus parejas
  • La gente se deja influir más por sus mujeres que por las encuestas; La gente se deja influir por sus parejas
  • El día del Niño; El día de la Infancia
Considera Teresa, que cada lengua refleja una forma concreta de organizar el mundo y de representar la realidad. Por eso, el mayor lujo es ser bilingüe, trilingüe.
  • Si la realidad social es sexista, clasista, racista; la lengua lo será. 
  • Si no cambiamos la lengua, no cambiará la realidad. Por ejemplo, antes se denominaban Asociaciones de Padres y solo iban madres; ahora se llaman Asociaciones de Madres y Padres (y afortunadamente van más padres).
Las personas hablamos y al transmitir nuestras palabras concretas, reforzamos los valores, principios, concepciones de la sociedad. Como cambia la realidad, el modo de nombrarla, tiene que cambiar. Teresa Meana es rotunda en afirmar que nunca las resistencias en el uso de la lengua son lingüísticas sino debidas a razones de poder
  • Ha habido mucha resistencias a decir Presidenta, pero ninguna para dependienta, asistenta. ¿Por qué no decir la arquitecto, la técnico o la presidente?... ¿Acaso somos la amigo, la novio, la niño?
  • Por el contrario, enseguida se aceptó el término modisto en el diccionario, porque a los hombres no les gustaba ser "los modistas".
En una carta abierta a Javier Marías, un autor caracterizado por sus críticas a quienes abogan por un lenguaje inclusivo, Teresa Meana le dice, entre otras cosas, que no decimos juezo porque tampoco decimos andaluzo. Las juezas y las notarias, han tenido posibilidad de existir recientemente. Antes las mujeres no tenían derechos. Eran seres dependientes de su padre o de su parido. Y las normas lingüísticas básicas se definieron en una época en la que las mujeres no tenían ningún reconocimiento social.

Teresa señala que se ponen una y mil excusas para palabras que visibilizan a las mujeres. Por ejemplo, decir que hay palabras que están ya ocupadas y pueden llevar al error: "crítica", "mecánica", "música". Pero hay más de 90 oficios masculinos que también se pueden confundir con lugares: "frutero", "joyero", "basurero". Y en este caso, ¿no pasa nada?. Nuevamente muy claras esas decisiones aparentemente lingüísticas para ocultar relaciones de dominación y poder.

Comenta Teresa Meana que o las mujeres son invisibles o están excluidas en el lenguaje por el:
  • Androcentrismo es un punto de vista parcial del mundo que considera que lo que ha hecho la humanidad, ha sido hecho por los hombres ("Las edades del hombre") . Las mujeres no existen, los hombres son el centro y medida de todas las cosas; las mujeres son seres subordinados y dependientes) 
  • Sexismo: una actitud de asignación de valores y roles de menosprecio y desvalorización de la vida de las mujeres.
Según Teresa, la intuición femenina probablemente venga de pasarnos toda la vida adivinando por el contexto si nos están nombrando a las mujeres o no cuando hablan de niños, padres, hombres, ciudadanos, etc....

Creo que es hora de utilizar esa intuición femenina que señala Teresa para construir un lenguaje, unas prácticas lingüísticas y unos valores que integren a todas las personas, independientemente de su sexo, raza, religión, orientación sexual, o cualquier otro factor de desigualdad.

El siguiente vídeo resume la historia y activista feminista de Teresa Meana Suárez, "huéspeda de Honor de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina", por iniciativa de la Diputada Diana Maffia. No os perdáis el poema que le dedica la "poetissa" Silvia Palumbo.


Referencias interesantes:
Por un uso no sexista de la lengua de Teresa Meana Suárez
Cómo se enseña a ser niña. El sexismo en la Lengua de Montserrat Moreno

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hace poco recordaba algo sobre lo que alguien llamaba la atención, aunque no sé si es cierto: cómo las azafatas habían dado paso a las y los auxiliares de cabina/vuelo, y tripulantes de cabina de pasaje. Pudiera ser que no coincidiera con la incorporación de hombres, o que se tratara de de precisar las funciones, pero el hecho de que no se encuentren azafatos en un vuelo (pero sí azafatas atendiendo un evento, p. ej.), pudiera ser otro ejemplo.

Claudia Morgana dijo...

Excelente. Yo vengo reivindicando el uso inclusivo del lenguaje desde hace 15 años. Sigamos dandole al clavo con este martillo a ver si en algún momento nuestra lengua se convierte en una inclusiva...y no sexista. Un beso

Anónimo dijo...

Aunque la discriminación es abrumadoramente mayoritaria hacia las mujeres, no te olvides que en la prensa y en el lenguaje cotidiano hay palabras muy ofensivas hacia los hombres y que se usan con naturalidad: "los asesinos, los violadores, los ladrones, los corruptos, etc."

Laura Martinez dijo...

Excelente post! Un ejemplo muy fácil para que se entienda la complejidad que entraña es hablar de Pilar. Pilar es una niña que está en clase y acaba de terminar un examen. El profesor se levanta y dice "Por favor, los niños que hayáis terminado el examen, dejadlo en la mesa y salid al patio". Pilar se queda sentada paciente. El profesor le dice "Pilar, ¿has terminado el examen?". "Sí, claro". "Pues déjame el examen y sal al patio, ¿no me has oído?" Y Pilar se queda confusa y sale al patio. Esa misma tarde, su profesor dice "Por favor, que los niños que quieran estar en el equipo de fútbol se apunten en esta lista" y muestra un folio sobre su mesa. Pilar rápidamente se levanta para apuntar su nombre en la lista. El profesor le frena y le dice: "Pilar, ¿qué haces? Acaso no me has oído decir los niños?". Pilar se vuelve a sentar confusa. Y así, como Pilar, es como las mujeres desde pequeñas vamos aprendiendo a descifrar (o no del todo) cuando estamos incluidas o excluidas. Y lamentable, no es sólo un aprendizaje lingüístico, es un aprendizaje doloroso de discriminación.